Crónica de una novela

Lujuria

Comienzo desde arriba, desde tu parte más accesible y alta. Mis dedos se ensortijan entre tus cabellos apenas rozando tu cabeza hasta llegar a tu erizada nuca. Vuelvo a subir por donde comencé y esta vez mis yemas discurren lentas por tu frente, perlada de sudor, anticipo de la temperatura que va alcanzando tu volcán. Ambas manos se detienen en …

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No se te ocurra mal amarme

Ni se te ocurra, no vuelvas a mal amarme. Sella tus ojos ante mi lejana visión, recréatela en otro mejor lugar. Yo a cambio mantendré la vista alzada, demasiado tiempo mirando con cuita por dónde poso las puntillas de mis pies… Por favor, ni una caricia, ni un roce, ni la mera insinuación de que bajo ese calculado torrente un corazón …

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El destino se burla

Calladamente te observo sin interrumpir la dirección de tu deambulado mirar. Percibo en el ambiente tu tibia ensoñación a mil deseos de distancia. Aunque no me veo acompañarte, me tranquiliza no estorbarte el paso. Aquí, en nuestro cuarto, hecho tu temporal y perenne hogar, huele a color azul inerte. ¿Quién dijo que había que resistirse? Batallas inútiles, esfuerzos que impiden la mansa …

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Ave negra, yo confío en ti

Confío en ti, ser Fuerte, Obscuro y Bello. Te siento fuerte para empujarme a entrar en la morada de lo cierto. Te sé fuerte para asir mi mano y ayudarme a salir de donde me pierdo cuando el exceso de visión me turba. No dudo en que distinguiré, de entre todas, tu fuerza. Suave y persistente. Fuerza paciente y constante. Fuerza acuciante y …

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Estación en bucle

Casi no me caló ese estado plácido y benévolo. No hay nada que hacer, allí todo es proyecto, progreso y lento desarrollo. Me lleva con inercia esa buena intención de que anda solo, natural e instintivo. La menor o mayor alteración está consentida. Me desempeño dentro de los límites tibios mezclándonos de esencia. Aumenta la temperatura en un grado o dos, contagiando …

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Ahora que te he perdido

Existe un paseo de la mano donde te cuento que me río cada vez que me miras con esos ojos. Lo sé, ya no habrá abrazo largo que sepa a poco, ni piel con ese puntito de sal. Ahora que te he perdido… Llueve a mares en aquella parte del jardín que tanto me gusta, inunda el suelo que he de cruzar. …

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