Tu hueco

Inspiro y tomo contacto de mi posición, tumbada, boca arriba, semi tapada, en el lado de mi cama… Un hilo de sol se cuela por el agujero de mi persiana. Debe de ser de día. No hay personas, ni ruidos, ni música, ni pienso en cosas por las que merezca la pena levantarme ahora.

Te has ido hace un rato y aunque ya no esté caliente, huele a sexo y a cariño. Umm… arrastro mi mano por la sábana blanca y deshecha. Agarro tu almohada como si materializara en ese gesto, tu cuerpo.

Recorro en mi mente cada postura de deseo. Te invoco a sabiendas de que no volverás hasta otro momento con tu verde… y tu gris… y tu miembro erecto.

Me encanta tu labio, ese que se te queda cada vez que te beso. Y me estrecho la ropa, simulando que tocas cada trocito de mí con tus dedos y tu boca.

Si vienes, ya no te quiero. Me gusta pensarte con este desespero.

Luego cuando me llames, dime que te dejaste un trocito de pan y que vienes a devorarlo lento y pausado; y rápido y frenético.

Avanza la mañana y aquí sigo, dando vueltas a lo vivido en mi cama, y en mi sofá, y en mi baño y en mi trasero. Y me vuelven las palpitaciones, y menos mal que te has ido… porque ya no te quiero. Me gusta pensarte con este desespero.

Me levanto y sigo y aunque he salido, me he dejado todo deshecho, así, con restos de haber desnudado hasta lo desconocido. Me ha parecido ver que has vuelto, y otra vez entre nosotros nos hemos hecho un lío.

Hemos estado felices, y hasta nos hemos reído. Pero ¡vete ya! ¿no lo sabes? No te quiero, me gusta pensarte con este desespero.

Si prefieres escucharlo…

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. A. L. Baricoque

    Esto te ha quedado muy bien. Y lo contradictorio (“si vienes ya no te quiero”) resulta muy acertado, como en el dicho “al revés te lo digo para que lo entiendas”.

  2. Laura Segovia

    Gracias, es un recurso que uso con asiduidad: rechazar lo que en verdad se desea por miedo a la esclavitud de esa necesidad. Saludos,

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