Se acabó la barra libre

Esto de llevar un bar que aprovisiona constantemente gratis a los demás me ha resultado un timo total. ¿Pero en qué momento me quedé yo con este ruinoso negocio?

Se acabó, ale, se cierra. Ya no sirvo más gratis. La barra libre de la generosidad emocional ha quedado clausurada. Me ha dejado exhausta de energía y fortaleza. Esto es de todo menos rentable.

Todavía, como una tiene deudas de autoestima que pagar, aún no sé si cierro por descanso o por traspaso de negocio… ¿Te lo quieres quedar tú?

Te van a ensalzar en algunos foros, te lo aseguro. ¡Qué buena, qué paciente, qué comprensiva…! Los altavoces estaban muy fuertes, porque la música me impedía escuchar las conversaciones del bar que decían: tonta del culo, eso no es generosidad, eso es despilfarrar, vas a vaciar la caja.

Oye, y eso mismito ha estado a punto de pasar. Pero me he dado cuenta a tiempo. Lo justo para servir en condiciones, hacer ingresos, sanear las cuentas… Y he decidido que ya no hay más barra libre.

¿Quieres un trago de entendimiento? ¿Una copa de cariño? ¿Un cubo de alegrías? Te lo acompaño de palomitas o frutos secos, pero pagas. Compensas tu parte. Contribuyes a la prosperidad de este bar. Un do ut des.

Y que conste que no voy a ir detrás de los invitados a que devuelvan nada. Ellos no han robado ni una servilleta. La manirrota he sido yo. Pero ya he puesto arreglo: en este bar no se fía. Nos confiamos.

Una buena y amorosa dueña de bar, lo limpia, lo asea, ordena el almacén, hace la lista, compra las cosas, innova en productos, cambia los vasos viejos, corta el limón, conserva el hielo frío, acaricia la barra, enciende las luces, elige la música, sonríe… ¿Y cómo se mantiene todo esto? Recibiendo, dejándose recibir, tomando lo que es merecido.

Aún así, se me podrá escapar un azucarillo de más, un chupito, una taza caliente para una complicación, un refresco para chispear y un te lo doy porque me sobra y quiero, porque no me falta y te lo ofrezco. Yo también acepto propinas, besos al aire, un volveré, un mil gracias, una recomendación, una felicitación y una tanda de confesiones. Detalles que nos acercan, que anotamos al margen del libro contable y que guardamos en el cajón de los recuerdos y tesoros.

Pero no nos debemos nada. No hay deudores. No hay desequilibrio, no hay perjuicio, no hay desigualdad, no hay agujeros en la vasija que derraman el agua que calma la más esencial de las sedes.

No nos hace responsables a ninguno esta barra libre donde uno no para de beber y otro de atiborrar. No hay control, no hay mesura, no hay medida, no hay valoración, no hay gratitud. Hay derroche de recursos, abusos, empachos. A ninguna parte favorece.

Este bar ha cerrado la barra libre, será momento de la hora mágica, de la abundancia, de la riqueza mutua, de sumar y multiplicar. Es momento de fiesta y celebración. En este bar se mima, se cuida. Y a este bar lo miman y lo cuidan.

Una vez cerrada la barra libre de la generosidad emocional, queda inaugurada la prosperidad mutua.

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. La sinceridad, aunque sea para bien, también entraña consecuencias que remueve y no deja indiferente. (Laura Segovia)

  2. Laura Segovia

    Ajá, está bien esto de verme parafraseada… 🙂 Gracias.

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