No todos somos iguales

¿Pero quién dijo que todos somos iguales? ¿Quién dijo tamaño disparate? Una vez una empresa alegó a uno de sus más brillantes empleados, que todos eran iguales para cobrar y para ejercer su quehacer en las mismas condiciones. Y que en su trabajo podía poner a cualquiera y todo seguiría igual y daba lo mismo. ¿En qué estaba pensando esa persona o empresa?

Pues yo creo que en su propia mediocridad. Estaba hablando de su falta de valía añadida. Estaba hablando de su absoluta carencia de apreciación del talento único de cada ser humano. Estaba hablando para sí misma y de sí misma. Porque en caso contrario… ¿qué más da entonces una persona en un puesto concreto que otra? ¿acaso un desempeño lo puede llevar a cabo cualquiera sin que se aprecie la diferencia?

Si todos los que conforman una organización fuesen iguales, no habría un equipo. No se contemplaría la diversidad necesaria para afrontar los retos y encontrar soluciones. No cabría la innovación, la mejora ni la disrupción. Dejaríamos al margen las relaciones y las conexiones humanas. Estaríamos ciegos ante los sistemas.

El caso es que de esa empresa, yo era cliente. Y efectivamente, así me sentí. Igual un cliente que otro… Igual un profesional que atendía que otro… Igual una empresa de servicios que otra…

Si alguna lección estelar me dio trabajar en una gran organización fue a colocar las fichas del ajedrez y jugar partidas. Todos somos piezas. Todos tenemos derecho a jugar. Todos necesarios para jugar. Y aunque juguemos diferentes roles, todos precisos. Mas algunos…

Todos somos sustituibles, mas todos irreemplazables.

Claro que la empresa seguirá funcionando sin alguien. Mas igual no funcionará de la misma manera. Por supuesto que una organización puede sobrevivir a alguna persona. Mas quizá no viva en crecimiento y armonía. Y al fin y al cabo ¿qué es una empresa sino el conjunto de personas que la integran?

Cualquier organización humana es un ente vivo que cambia y se transforma. Hay algo más grande que un individuo, y eso puede llamarse empresa, club, asociación, vecindario, comunidad, pueblo, nación, familia… Y pese a la sustitución de uno de sus individuos, la organización humana persiste. En qué condiciones y maneras y hacia dónde…

Y aunque me ha costado entenderlo, ahora sé que todos somos sustituibles. Y que todos somos irreemplazables. Que la vida es un ciclo de pon y quita y vuelve a poner y así en un constante proceso. En mi visión de la vida, esto me llena de consuelo, saberme una parte que viene a contribuir a algo más grande. Que yo vine para sustituir y contribuir y que seré sustituida… Mas seré irreemplazable.

Esta singularidad humana de sentipensarnos una pieza única y al tiempo una pieza del todo, es clave en nuestra existencia.

Pues bien, debido a que no solo soy capaz de ver el todo, sino también a las piezas, afirmo que no todos somos iguales. Que todos los clientes no son iguales aunque su dinero así lo parezca. Que no todos los empleados o profesionales de una organización son iguales aunque se les asignen las mismas tareas. Y que por supuesto, no todas las organizaciones me son iguales para satisfacer mis intereses y necesidades.

Comentarios

Comentario

3 comments

  1. <>. BALTASAR GRACIÁN

  2. No engañarse en las personas, que es el peor y más fácil engaño. Más vale ser engañado en el precio que en la mercadería; ni hay cosa que más necesite de mirarse por dentro.

    BALTASAR GRACIÁN, Oráculo manual y arte de prudencia.

  3. Laura Segovia

    Ya… más vale engañarse en la forma que en el fondo. Quizá por eso Baltasar Gracián decía que en las personas era el peor y más fácil engaño, porque nos solemos quedar en la forma o apariencia de las personas, no en su fondo.

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