La nueva normo normalidad

No estamos en normalidad, no existe, no se la conoce y no se la espera. Se ha creado con normas impuestas, unas lógicas y otras caprichosas. Y de nuevo no tiene nada, ya hay antecedentes de esto que estamos viviendo: ni más ni menos que un remake de Footloose. Una peli de hace décadas donde los jóvenes quedábamos horrorizados al ver cómo en una localidad se prohibía bailar.

No me pregunten más de la peli, porque yo era muy cría cuando la estrenaron, y luego fui muy mayor para volvérmela a tragar, pero en resumidas cuentas, ese era el argumento: prohibir por un supuesto bien común superior.

Tal como ahora, que no se puede bailar en sitios públicos que estaban destinados para ello. No se pueden celebrar eventos donde las parejas se besen sin mascarilla y bailen. Nuestros ritos se pierden, no por desuso, ni por moda o cambio de paradigmas. Alguien superior decide qué se puede o no se puede hacer colándose en tu casa, en tu fiesta, en tu banquete…

Menos mal que tenemos jóvenes, púberes y maduros rebeldones porque, no ya es que la especie se acabaría, que tampoco pasa nada, es que el tiempo que nos queda por delante sería tiempo desperdiciado para que otro bicho viviente sí supiera valorarla, agradecerla y honrarla.

Sé que no es políticamente correcto lo que voy a decir, y precisamente por eso lo digo: hagan ustedes lo que su conciencia les diga. Asuman las consecuencias. Y dejen en paz a los demás.

Podría cesar de escribir llegado a este punto, y eso es lo que llevo haciendo unas cuantas semanas que me puse y luego… Me da un perezón terrible desenvainar la espada y el escudo para defenderme de los esbirros de la Verdad, El Sentido Común, la Generosidad, La Responsabilidad Compartida y demás bastiones de muchas milongas que exigen y no se aplican…

A veces me he creído apoyada por ciertos tiernos e ingenuos conspiradores, pero luego compruebas cómo sacan a pasear vacas antes del sacrificio y se pintan un ojo en la frente y se te quitan las ganas de seguir perteneciendo a la misma comuna.

Estamos viviendo una enfermedad mental colectiva. Se te puede manifestar en los bronquios o en las arterias, pero sin duda, la parte mental es la más significativa. Nos hemos trastornado por completo.

Observamos personas regidas por el miedo. Miedo a respirar, a tocar, a hablar, a rozarse, a pasear, a abrazar, a celebrar, a reír, a besar… Miedo a todo por lo que merece la pena vivir. Con algunos es un gusto… antes no me relacionaría con ellos ni con un palo largo. El tema es que no se quedan ahí, te quieren obligar a que vivas como ellos y te recriminan de palabra y gesto. Bueno, así los mantenemos entretenidos y a distancia.

Los hay que se rigen por la ira y andan todo el p. día encabronados echando pestes de todo bicho viviente. Si llevan bozal, estupendo. Y si no, a toser. Que se debatan las fuerzas de la naturaleza entre un virus y un veneno.

El mayor de los peligros lo encarnan los silenciosos resignados… Los que ni luchan, ni aportan. Siguen una corriente densa, sofocante, pesada, gris y férrea. Una corriente que aplasta todo a su paso. ¿Por cuánto tiempo? ¿Bajo qué circunstancias? ¿Qué protegemos? ¿Quién decide qué prima sobre qué? ¿Hasta qué límite? ¿En qué grado?

Y así pasan los días, uno tras otro, para que vaya mientras haciendo poso en nuestro obediente y dócil cerebro… Es por tu bien… Decidiremos lo que te conviene… No eres capaz… Tus ideas no son buenas… Pide permiso siempre… Te corregiremos a la fuerza… No sabes… Nosotros lo haremos por ti y por los demás… …. …

¡Ostras! me desperté sudando de una pesadilla. Volvía a mi infancia con unos padres desconocidos… de intenciones desconocidas… Eso sí, con una conciencia de adulta…

Comentarios

Comentario

One comment

  1. Estoy básicamente de acuerdo en tu Oda al Libre Albedrío.

    Pero no es difícil entender que lo que estamos viviendo es una situación: 1) Excepcional 2) No deseada 3) NUEVA para todos 4) Indefinida a falta de vacuna 5) Global 6) De salud pública y 7) Indefinida pero seguramente temporal.

    Obviamente, los acojonados que apelan a su propio miedo así como los aprovechaos que buscan negocio o rédito político aprovechan la mínima para salir a darse un paseo. Pero por suerte, no son mayoría.

    En mi parecer, antes este tipo de situaciones lo más razonable es escuchar a la ciencia, a los profesionales que estudian los virus y a los historiadores que nos cuentan cómo se han superado crisis similares atrás en el tiempo.

    Por supuesto, luego cada cual es dueño de sus miedos y culpable de sus acciones.

    Besos!!

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