La foto del CV, sí o no

Ahora está a debate si poner la foto en el CV es acertado, discriminatorio, anticuado, indiferente. Hay una tendencia europea, auspiciada por nuestro vecina Francia, de eliminar la foto y la edad para evitar sexismos, racismos, edadismos y demás ismos. Como experta en empleabilidad, no me atrevo a dar una respuesta categórica, pero sí compartiré desde mi punto de vista para aportar perspectivas que pueda servir a las empresas y a los candidatos.

El CV (perdón, voy a escribirlo entero por si alguien se ha despistado: currículum o curriculum vitae) es un instrumento de primera criba. Cuando nos presentamos a una empresa o incluso accedemos a un puesto o ingresamos dentro de una organización, precisamos recoger a modo de instantánea de presente, nunca mejor dicho, quiénes somos y lo que podemos ofrecer. Esto es el CV, y evitar exponer quiénes somos, a modo de escondernos hasta el último momento como aquellas novias antiguas que al levantar el velo se descubrían, no creo que sea la mejor manera de reforzar nuestra confianza ni de comenzar relación alguna.

Partiendo de esto, comprendo que hay veces que hay que romper esquemas, zafar prejuicios y traspasar límites, por eso digo que dar una norma general para todo el mundo y para todas las culturas, no parece ser el apropiado. Nos topamos con personas de cierta edad y escasa formación o experiencia y varios años en blanco. Nombres que no se corresponden con su sexo aparente. Tocados y vestimentas religiosas muy manifiestas. Tonos de piel o adornos propios de comunidades que coinciden con tensiones sociales recientes saturando los medios de comunicación. Estragos físicos del paso de tiempo en profesionales etiquetados ipso facto como obsoletos.

Es que por mucho que queramos taparlo, la imagen sí importa. ¿Cómo no va a importar? De hecho, el modo en que nos vestimos, los colores que escogemos, los materiales, el tamaño, los complementos, el pelo, las gafas, el gesto, la mirada, la parte de la cara que resaltamos y un largo etcétera transmite a los demás, consciente o inconscientemente. Si no importara, la gente no se plantearía este tema. Y si importa ¿para qué hacer como si no importara y eludirlo?

Bueno, vale, hemos pasado la primera criba y se han fijado solo en los títulos. Noooo, eso no lo es todo, eso es titulitis, hay gente muy válida que bla, bla, blá… Ok, pasamos entonces a ponderar solo su experiencia y sus logros. Noooo, ¿pero qué dices? ¿qué hacemos con los jóvenes? Si nadie diera una primera oportunidad a quien empieza y bla, bla, blá… Ale, pues nos queda su actitud y cómo se presenta. Nooo, siempre nos fijamos en la gente con dotes sociales y para todos los puestos no son importantes y además la diversidad ha de ser bienvenida para conformar un equipo y bla, bla, blá… Podemos entonces tirar los CV al aire y los que salgan para arriba serán los escogidos para una entrevista. Ay, si ahora con la Ley han de ser digitales y si los imprimimos hemos de triturarlos, quemarlos, crionizarlos y lanzarlos en una cápsula espacial al quinto planeta de la galaxía de Elon Musk.

Para que no nos tachen de discriminadores hemos de inmolar nuestro sesgo, preferencias y aparentar lo que en verdad somos. Total, siempre hay una prueba final, ya sea entrevista o comparativa, donde me puedo escudar eligiendo a alguien porque no solo es el título, ni la experiencia, ni las competencias, ni los complementos, ni la actitud, ni la impresión que me da, sino un conjunto de todo donde la subjetividad campará a sus anchas. Pero es que inevitablemente ha de ser así.

De hecho, llegamos a las redes sociales y ponemos nuestra foto. ¿Admites solicitudes de conexión o de amistad de perfiles con sombra gris? ¿Te da confianza la gente que se presenta con una capucha por encima? ¿Y los que eliminan sus rostros? Por no mentar que son en las propias páginas, plataformas y Apps empresariales que utilizan para recoger los datos de posibles candidatos los que te solicitan que subas una foto. Eso sí, te has tomado la molestia de eliminarla en el CV.

Cuando trato este tema con mis alumnos o tutorizados les digo: ¿Dejas entrar a tu casa a personas que no les has visto la cara? Hay un dicho que dice que la mirada es el espejo del alma, y es que es así, para entablar cualquier tipo de relación precisamos reconocer a la persona que tenemos delante. Y si no, que venga Tinder y lo certifique. No sé si estáis utilizando una herramienta súper útil y que viene de serie con el ser humano llamado intuición, pero sabed que es sabiduría inconsciente y que lleva mucha carga informativa de tus ancestros y ahorra muchas vueltas para llegar al primer destino. Hay quien no vislumbra la diferencia entre intuición y prejuicio y lo primero que debemos de hacer para no caer siempre en ellos, es admitirlos, detectarlos y pasarles el filtro de la comprobación con sus hechos y realidad.

Por un lado escucho a quien no quiere que en la empresa le traten como un número, sino como una persona. Para ello, hemos de poner encima de la mesa lo que nos hace humanos y ahí entra todo nuestro ser. Si temes por tus complejos no ser admitido, trata tus complejos. Si temes por los prejuicios de los demás no ser admitido, trata tus propios prejuicios primero porque actualmente no vivimos en España una estigmatización global. Si temes por tus códigos de imagen y consecuentes códigos de conducta no ser admitido, esa organización no es para ti. ¿Acaso quieres trabajar en una empresa en la que no serás bienvenido? ¿Una empresa sexista, racista, clasista y otros ista?

No podemos evitar encontrarnos al final a una persona que decida acerca de si nos elige para trabajar en su empresa o no y como tal, tendrá sus preferencias y tomas de decisiones, que ya sabemos que suelen ser emocionales o sentimentales y luego las revestimos de razón y lógica. Pero eso es para justificar la decisión que tomamos nada más ver un CV o al candidato. De ahí que hay historias de personas que no se explican cómo les dieron una oportunidad, y otras no comprenden cómo si suelen tener los mejores CV, ni los miran.

Se me ocurre eliminar al humano selector en la ecuación y que sea una máquina, que al introducir los datos, escoja a los elegidos. Al tiempo, se monta un gran mostrador que recoja las inmensas quejas de quienes se sienten tratados como un algoritmo numérico que ha de cumplir las expectativas robóticas de su inicial potencial.

Por si a estas alturas del relato no me he explicado del todo, concluyo que da lo mismo lo que hagas porque el resultado no dependerá de ti. Que si no pones en el CV la foto, ya estás comunicando tu postura que puede dar lugar a interpretaciones: me vas a juzgar y no lo harás adecuadamente, siento que no voy a ser el idóneo por mi imagen, etc. Y si la pones, también estás trasladando tu parecer: este soy yo, no me escondo y asumo las consecuencias de mostrarme me gusten o no.

2 comments

  1. Razonable y pragmático el planteamiento de la cuestión.
    Como dijo -o pudo decir- Graham Greene: El factor humano.
    Cuando las inteligencias artificiales vayan a pedir trabajo quizás pongan en su CV una imagen creada con IA para mejorar sus posibilidades.

  2. Laura Segovia

    Ya hay fotos retocadas que se saben mil trucos. Pero al final, habrá que tener un careo y ahí se verá quién enmascara tanto su persona y para qué. El tema no es salir guapo o adecuado, el tema es cómo te presentas y otras pistas más que no sé si la IA capta tan bien como el ojo humano, al que le sabemos muchas más propiedades por humano que por ojo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *