Dentro

En esta estación de menos luz miro adentro… Y aquí estoy, jugando con ella, con la de hace días. Nos sabemos a estas alturas las reglas para no dañarnos, aunque a veces… se me olvida.

Me encanta su risa. La escucho de fondo mientras ve comedias o parlotea. Y yo también me sonrío. Respiro profundo y salgo a flote. Sobre un mar agitado, turbulento, cada vez más contenido.

Ya no me hace falta subir el volumen del ruido, ni correr tras la prisa. Si la oscura y densa niebla llega… aquí me encontrará. Me sabré entera, pese a que bailando me pise los tiernos brotes de ilusión y esperanza.

Los primeros fríos, ya los he notado. Se cuelan entre los pliegues de mi falda, se han adueñado también de la almohada, me suben a la garganta y me dan miedo… Tranquila… los tapo.

Tras la ventana, se ven los árboles más pequeños y el cielo más grande. En otoño, cada puesta de sol parece poesía. Me quedo embobada contando momentos… No quiero perderme ningún anochecer, que ya he esperado sin ver demasiadas veces, que pase uno y otro día.

Y me regalo una caricia, en forma de enroscarme el pelo entre los dedos, cansados de guardar vacíos en la caja de los premios. Me gusta habitar aquí dentro, donde me imagino recogida hecha un ovillo, a salvo de gente que cuando habla, siento que me grita.

No se me ocurre un plan más estupendo, que estarme a gusto yo sola conmigo y en mi compañía. Algo me saca del sitio… Me encanta, por cada rato que voy fuera, me doy dos para mí sin pedir un maldito permiso.

A la magia le suplico un deseo: saber cambiar a calor el crudo invierno. A ver si mañana me lo concedo…

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. Para días como la mayoría de los invernales que tenemos (con un puñado de horas de sol) los antiguos descubrieron algo maravilloso a la par que barato: la solana.

  2. Laura Segovia

    Pues sí, a la sola na… 🙂

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