De cómo meterte en problemas por no hacer lo que no te dicen

El curso escolar que viene recomiendo apuntarse a clases de leer los posos del té para adivinar los pensamientos de los que solo toman café. Creo que os vendría de perlas. Que sí, hombre, que así podréis esquivar las balas de gente que no sabe decir lo que desea que tú hagas, pero que luego se enfada porque no lo hayas hecho.

¿Que no te has enterado del todo? De eso se trata, de que consigas doctorarte como lector de mentes. El truco consiste en que cumplas las expectativas ajenas no expresadas. ¿Y por qué no te lo dicen? Porque eso sería facilitarse sus propias vidas y sus relaciones y no está el tiempo de confinamiento como para andar gastándolo así sin más, con eficiencias y alegrías…

Si encontráis el curso, guardadme una plaza para mí. Es que tengo un par por ahí sentados esperando que me anticipe a sus necesidades en todo momento y evitarles la fatigosa tarea de expresarse de manera asertiva y explicitar sus intereses.

Creen que es mejor que sean los demás los que le resuelvan la vida y se la hagan trillada como gran muestra de amor y ellos a cambio, se guardarán su consiguiente disgusto de reproches airados o acaso te libren de esas miradas y silencios crueles donde te niegan la palabra y el cariño por tu gran incapacidad como lector de mentes.

Que digo yo, que sería deseable tener ese don para con las personas que quieres o estimas, pero no me lo exijo. Deseable, pero no exigible. La de problemas que ahorraría si al pasar por delante de alguien pusiera a funcionar todos mis sentidos, incluso ese que no viene en el kit del ser humano, para detectar cual radar última generación, qué necesidades, deseos o caprichos precisa.

¡Ah, y en qué forma y en qué momento! Pues una cosa será que intuyas que quizá… pero descifrar toda la completa y perfecta misión sin instrucción alguna está reservado para unos pocos elegidos que conseguirán el premio gordo de su aprobación y misericordia.

Hay mensajes encerrados en botellas de cuello estrecho que uno ya se sabe hasta el estribillo y aún así pregunta para cerciorarse. ¡Qué osadía! Negarlo, hacerse el que no aunque sea un gran sí, es labor de todo aspirante a tener una buen harén de aprendices de lectores de mentes.

Aún a riesgo de perder la cabeza, hay veces que llegas a abrir el cofre de los milagros y te encuentras con un muy racional y maduro: “Si te lo tengo que decir, ya no vale” ¡Acabáramos! ¿A qué botarate se le ocurre que las personas se han de hacer responsables de sus necesidades y de expresarlas si desean involucrar a los demás?

Lo sé, lo sé, a los egoístas que se ocupan de sus asuntos y no de los egoísmos de los demás…

Veamos en qué categoría clasificamos a estas mudas personas:

a) Temerosas de abrir sus corazones, pues si explicitan lo que precisan o les gustaría, se sienten en posición de debilidad o desventaja frente al otro. Pueden ser rechazados, y siempre les queda la salida de que no quieren nada y nada han comunicado. En vez de mostrarse, deciden mantenerse en su posición de “princesa de torre”.

b) Inhábiles sociales que evitan la confrontación, pues careciendo de las herramientas oportunas que les hagan expresar sus necesidades o solicitar cambios de conducta que no ofendan, recriminen u ordenen, optan porque sea el otro el que despliegue todo su arsenal de interpretación de lenguaje no verbal y empatía.

c) Todavía están leyendo la casilla a) y b) y van de la una a la otra sin identificarse ni decidirse. Por si acaso, las dos.

Y luego, en la otra gran categoría, están los lectores de mente, subclasificados a batiburrillo en senticulpables, andadores sobre cáscaras de huevo, insensibles, echadores de cartas, asertivos, pasotas, egoístas y un sinfín de ignominiosas etiquetas.

¿En qué categoría te gustaría debutar?

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. Entre tanto se dispone ese curso tan necesario para relacionarse con las criaturas afectadas por el desasosiego a que te refieres, acaso podríamos echar un vistazo al Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce, que lejos de ser un diccionario diabólico resulta que incluye definiciones tan benévolas como acaso sean estas:

    Egoísta, s. Persona de mal gusto, que se interesa más en sí mismo que en mí.

    Egoísta, adj. Sin consideración por el egoísmo de los demás.

  2. Laura Segovia

    Es para encumbrar a este hombre a los cielos. 🙂

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