Todos somos adictos

La adicción es un tema que me ronda desde hace mucho tiempo y tengo que decir que me separa internamente. Unas veces me digo: no pasa nada, esta adicción no es muy mala. Otras: no, no, cualquier adicción es horrible, cualquier dependencia, por mínima que sea, ha de ser expulsada de mí. Y las más, me fustigo por sucumbir a ellas para luego reconfortarme por superarlas… hasta la siguiente adicción.

A lo largo de mi vida he tenido unas cuantas, morderme las uñas, coleccionar cajas y bolsas, tabaco, laca de pelo, pipas, enamorarme, café, comer con mucha sal… Siempre creía que conforme superaba una, más fuerte me haría para la siguiente y que la finalidad consistía un día en no tener ninguna. Está claro que no hablo de adicciones de sustancias excesivamente tóxicas, si no de todo aquello que nos ata, esclaviza o mina nuestra voluntad de movimiento con tal de mantenerlo.

Asistí hará cosa de tres años a unas jornadas de actualización en Psicología del Deporte donde uno de los trabajos finales de una alumna fue demostrar que no podía hablarse de adicción al deporte, pues el deporte en sí no era una actividad mala para el organismo. Resumo y no traigo aquí el debate, que lo hubo, pero sí quería poner de manifiesto que lo que allí se habló y se concluyó no me dejó ni mucho menos indiferente: Salvo las sustancias tóxicas y nocivas en sí, lo que crea adicción es cómo lo procesa el cerebro de la persona.

Ya digo que no me quedé tranquila, aunque sin argumentos para mayores explicaciones, hasta que un día hablando con un médico sobre mi determinación de tomar únicamente aquellos medicamentos que me salven la vida, y entre los que no consumo para que no me puedan causar cierta dependencia, los analgésicos, me contesta con flema: ¿qué más da una adicción inocua que te quita el dolor? ¿acaso no somos adictos a todo?

En su momento lo negué. De eso nada, no somos adictos a casi nada. ¿Noo? me contesta escéptico. ¿Acaso no sueles desayunar casi siempre lo mismo? ¿No te tranquiliza escuchar una determinación canción? ¿No tienes un alimento favorito que tomas una o dos veces a la semana a sabiendas que no te sienta bien del todo? ¿Dónde buscas tus consuelos? ¿qué sabes que tienes qué hacer para sentir eso que te gusta? Ufff, terrible, menos mal que paró porque a la primera pregunta ya me tenía convencida, pero a la última ya me removía en mi asiento incapaz de permanecer quieta por más tiempo.

Lo que nos hace adictos es la química y somos pura química. Las cosas no crean adicción, lo que nos crea adicción son las sustancias que al ejercitar ciertas acciones inundan nuestro cuerpo, llámese deporte, retos, amor, maquinitas, melancolía, sexo, baile, juego, comida, trabajo, competición, tecnología, compras, redes sociales… adrenalina, dopamina, serotonina…

Entonces ¿qué hacemos?

A) ¿Superarlas para cambiarlas por otras? Durante un tiempo estaremos “limpios” al menos, mas la etiqueta de adictos no nos la quitamos.

B)¿Evitar toda fuente de placer? Eso de mejor ni lo pruebo no vaya a ser… Vida asceta y monacal, sin altibajos, constante, ni mucho ni poco, ni frío ni calor. Lo dejo para muertos en vida.

C) ¿Racionar nuestras adicciones? Las tenemos a raya aunque constantemente estemos pensando en ellas, luego,  seguiremos dominados ¿no?

D)¿Renombrarlas hábitos y no adicciones? Medimos en una escala si nos proporcionan más fuente de placer que de disgustos y si además están socialmente aceptadas, podemos descansar en paz  hasta que ese hábito se convierta en adicción y pasamos de nuevo la corrección adictiva.

E) y siguientes. Se admiten sugerencias…

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