Si buscas, que sea respeto

No busques comprensión, entendimiento… No te desgastes, pide respeto. Quizá entiendan, compartan tus valores, o no… Si has de buscar algo, que sea respeto.

Me he visto en cientos de ocasiones mendigando cariño intentando agradar a los míos. Dar uno y otro argumento, desgastando mi tiempo y esfuerzo para que los demás me entiendan, acepten mis argumentos y mi particular forma de ver el mundo… Inútil esfuerzo. Me tenía que alejar de mí para arrancar un tímido gesto de inclinación de cabeza para quedarme tranquila. Debí plantarme mucho antes de empezar. Debí buscar respeto y punto.

Cuando estaba más ciega, he llegado a detestar a las personas que me han confrontado con su dispar parecer al mío y que «me obligaban» a justificarme. Incluso tras largas conversaciones cuando me he llevado el duro… lo he sacado de mi monedero. ¿Para qué? No lo necesitaba… Reconozco que soy de las que si me das la razón sin más, me detengo a pensar qué he hecho incorrecto. ¿He intentado colonizar al otro? ¿He dado tanta grima que me devuelven mi sinrazón?

Ojo, no quiero decir con esto que no disfrute un buen debate, una buena contienda dialéctica, un relajado compartir de ideas exponiéndolas encima de la mesa o un tira y afloja irónico. Eso sí, la intención no ha de ser convencer o buscar el sí del otro, tan solo el placer de buscar la propia coherencia, dejarse permear por ideas nuevas o escuchar al otro para conocerlo y así poder amarlo.

Sin embargo, hay cosas que todavía no tengo superadas… Cuando hablan enjuiciando, cuando esas palabras hieren porque llevan la burla, la humillación, la destrucción, el encasillamiento o la vejación hacia mí o hacia otros… Todavía no me sé estar en mis asuntos, o aún estando, no puedo pasar por alto y entonces, a veces salto, intentando arrasar lo menos posible.

Y todavía me escuece la herida cuando me critican sin yo haber pedido opinión por mi conducta. Al menos, he aprendido a respirar, verificar si me pertenece a mí o al otro ese dolorcito al ego y contestar con silencio o con asertividad. Si alguna vez me ves en una de estas, la descubrirás enseguida: mis ojos se afinan y se ponen en modo escáner, al tiempo que con la mano izquierda agarro la pierna de ese personajillo llamado ego que me envenena el oído pidiendo que le deje libre para cortar cuellos con lengua afilada…

Y todavía suele sangrarme cuando alguien me vaticina un futuro solitario porque ser directa o espejar contradicciones ajenas no casa bien con tener pareja que se maneje inmaduramente en juegos de sometimientos o escapes, o con codearme en círculos sociales donde la superficialidad manda entre cuerpos y cabezas sin consciencia.

Debería de estar de celebración porque, a modo de repelente inodoro, mantengo alejada a ciertas personas que, según palabras textuales de algunos, no soportan que vaya de frente, sea directa y tenga muy claro lo que quiero. Ya, ya sé que la gente se pirra por los obtusos, vagos, hipocritillas y cobardicas que antes de molestar, se camuflan en centauro o en unicornio rosa. Y ni qué decir lo que nos chiflan aquellos que dan bandazos de lado a lado a cada instante, no tienen la menor idea de cuáles son deseos, ni a qué puñetas llaman a tu puerta y se dejan llevar según sople el viento. Fantásticos ellos. Gracias por esta previa selección natural.

Sí, se me nota cierto resquemor… ya dije que ando sangrando con mis cositas a cuestas…

Porque en el fondo, todos buscamos ser amados y si para ello tenemos que vender nuestra alma… a veces estamos tentados a hacerlo como si esto nos salvara. Pero tenemos más opciones. Como adultos tenemos más opciones que niños temerosos de no pertenecer al clan, ser desterrados y morir de frío e inanición debajo de un puente.

Crea tu propia tribu que anteponga el respeto al seguidismo. Pertenece a ese club que tus reglas son bienvenidas aunque difieran o friccionen con otras. Busca el respeto, siempre y por encima de todo. Podrán no aplaudirte, pero no pisotearán tu actuación.

Sal de aquel lugar que te hace sufrir, tienes un mejor destino en ti. Mantén distancia con lo que te hiere. Ya estás aprobado en la vida. No precisas más reconocimiento que la certeza de saberte en el camino, atento a tu caminar. Estate en tus asuntos, en ti. Tienes todo para ser. Si has de buscar algo externo, que sea respeto, respeto por ti.

Una de las mayores pruebas de fuego que tuve que sortear fue cuando tomé una decisión importante que no venía bien a nadie. Era un asunto privado, íntimo, con consecuencias que afectaban a otros, pero era mi asunto. Era mi vida. Y nadie, que yo sepa, iba a venir las 24 horas del día del resto de los tiempos para meterse en mi piel y evitarme dolores y ni muchos menos, bajarme de las nubes bellos momentos. Transcurrido el ratito o el gran rato de compañía, todos, absolutamente todos, como no podía ser de otra manera, volvían a sus vidas y yo me quedaba con la mía.

Me quedaba con sus pareceres, consejos, objeciones, directrices, y preguntas más o menos amorosas o morbosas acerca de mis decisiones, y no me quedaba otra que ponerme en modo alerta para no dejar que penetrara en mi tierno corazón palabras y gestos que se colaban en mí como puntiagudas y férreas dagas. Dejar de dar explicaciones… Asentir sin contestar… Levantarme e irme más liviana de cargas… No necesitaba ni sus vistos buenos, ni sus estupendas recetas, ni sus suspicacias acerca de mis planes, ni sus insistencias de que pensara, dando por hecho que no se me había ocurrido semejante acción… Tan solo respeto. Poner límites a los demás en su intromisión con respeto. Anteponer la aceptación tal cual soy con respeto. Mantenerme en que se relacionaran conmigo desde el respeto.

Pude comprobar que esto no gustaba. Hay quien se alimenta de dar charlas gratis a quien no pide opiniones. Se engrandece con diseñar vidas ajenas, controlar conductas que escapan de su persona y que casualmente coinciden con sus intereses y cuando hay quien no se deja mangonear o sermonear… te reprocha que eres directo, que tienes carácter o que no eres apto para cualquiera, como si esto fuera un demérito. ¿Crees que de algo sirve su bendición o simpatía? Ni aún cuando amenazan con retirar su cariño… Busca respeto y si no lo encuentras ¿qué haces permaneciendo en un lugar donde no te aman si no te portas como esperan de ti?

Para algunos, les resultarás incómodo. Pero es que la comodidad es una cualidad perfecta para medir zapatillas, no para las personas. Busca respeto empezando por respetarte a ti primero, poniendo límites con asertividad. Cuando practiques el amor propio, el resto del amor, aparecerá.

Si acaso te sorprendes no siendo bien recibido por personas que te importan o creías muy cercanas, te dejo como amuleto mi pregunta fetiche: ¿puedo vivir sin su aprobación? También me sirve ponerme en lo peor que me puede ocurrir si no obtengo su bendición y lo sopeso en la misma balanza de lo peor que me puede ocurrir si no obtengo su respeto…

Practiquemos la adultez actuando como si fuéramos nuestro propio juez. No busques fuera de ti que aprueben tus normas, pensamientos, sentimientos y valores, que reconozcan lo buen chico o buena chica que eres. Si demandas algo fuera de ti, si acaso buscas algo de los demás, que sea respeto. Entonces el amor llegará por sí solo.

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