Se buscan víctimas de las circunstancias

Tremendo, ya van dos mensajes seguidos en una misma semana: es una señal. No sé todavía si es una señal del cosmos o una desviación de la atención como cuando algo te obsesiona (embarazos, coches, arrugas, parejas…) y parece que todo el universo se confabula para ponértelos por delante para que descifres la enseñanza. El caso es que llevo viendo a diario a la salida de mi parada del tranvía a un hombre muy serio y bien puesto que porta un cartel escrito: BUSCO TRABAJO.

La primera vez que lo vi me llamó la atención que no pidiera nada, que únicamente nos compartiera su estado. Perdóname que me ponga fría, pero obviando la historia que haya detrás y que desconozco porque voluntariamente así lo he decidido, me llamó la atención su mensaje. Lo escribe en primera persona, luego su implicación personal es mayor que esos mensajes de “Se busca”, que van desde compañeros de piso o de roce hasta vehículos de una determinada característica.

Igual fue el segundo o tercer día, pero al pasar por el mismo sitio del señor portador del mismo mensaje y ante mi habitual automatismo de leer lo que se me pone por delante, me vi pronunciando: bus-co-tra-ba-jo. Me cogería con el nivel de cafeína más alto, se ve, pero asocié inmediatamente su mensaje a los datos que faltaba: ¿de qué? ¿dónde? ¿por cuánto a cambio?

Deduje que no sería de lo que fuera porque ya estaría más que colocado, al menos en ilícitos e indignos, así que dentro de su escueto mensaje encerraría un objetivo deseable. Igual es tontería mía, pero si lo veo siempre y durante bastante tiempo parado en el mismo lugar será porque Alicante le parece buen destino. El por cuánto y por parecerme que quien se decide por una acción tan expuesta debe llevar alguna desesperanza en los medios tradicionales, me da qué pensar que se decanta más por lo que le den, que por lo que valora su aportación.

Pero de todo, lo que más me llamó la atención fue el lugar que escogió para su puesta en escena, ya que la salida de una estación de metro en hora punta repleta de currantes con el reloj pegado no parece que sea su target ideal. Y eso me hizo plantearme la de veces que nos encontramos en la misma situación incorrecta con el mensaje errado.

Otro error de bulto era la total incongruencia de su mensaje con su acción, que digo yo que más coherente hubiera sido emplear la frase ESPERO TRABAJO. Buscar implica una serie de actos que a todas luces no se estaba cumpliendo, al menos en esa repetida exposición constante y estática.

Aún así no es de descartar quien a pesar de todo hace frente como puede a su situación y mal o bien sale con su estrategia dispuesto a encontrar una salida porque lo que descubrí a los siguientes días sí fue más digno de revisión profunda. Tropecé con una persona en Linkedin que era miembro de la “Asociación Víctimas del Paro”. De verdad que me quedé muerta… No sé si fruto de la inventiva o de cierto macabro sentido del humor, el caso es que existe.

Voluntariamente hay personas que han decidido asumir el rol de víctimas = personas que siendo pasivas reciben daño de un tercero. Puedo entender de un hecho injusto, súbito, doloso, forzoso, pero… ¿del paro? ¿del desempleo? Será de un ERE, de una mala gestión, pero es más ¿para qué asumir ese papel?

Me pareció mucho más responsable ese hombre que en su pasividad actúa (por cierto, llevo días sin verlo, espero que sea para su bien) que todas esas personas que se autodenominan víctimas como sinónimos de blancos de diana de hechos totalmente ajenos a ellos. O sea, un día antes, una hora antes de su cese eran protagonistas de su vida y de golpe son esclavos de las circunstancias.

Odio esa sensación de víctima y no creo haberla experimentado con tanta intensidad como cuando fui objeto de un hecho delictivo. Y eso que era una cría de tan sólo 11 años, pero desde entonces tomé la determinación de no volver a serlo. No me ayudaba en nada y me anclaba en la impotencia. No es tan sólo fruto del azar, no es una circunstancia, creo que ser víctima es un estado que nos imponemos para no asumir ciertas cosas.

Que me caiga el cielo y me parta un rayo, que me hieran, atropellen con coches, palabras o actos son circunstancias externas a nosotros. No ser víctima tiene que ver en cómo se afronta, cómo respondes, qué haces con ello.

Así que después de esas dos señales volví a reconsiderar por qué me fijé, por qué llamaron mi atención esos dos hechos y por qué los relacioné: Curiosamente el hombre del cartel con menos recursos me pareció mucho más protagonista de su historia que los bien situados en una red social autodenominándose víctimas.

Ser víctima es una actitud y no una circunstancia.

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