Recuperé mi cuenta de Instagram hackeada

Se puede, claro que se puede recuperar una cuenta de Instagram hackeada, lo acabo de hacer. Nada de tecnología por mi parte, pero sí mucha perseverancia y confianza. Me ha costado 25 días, pero al fin recuperé mi cuenta con todo lo que contenía: mis fotos, mis conversaciones, mis seguidores y a quien yo seguía. Ha sido un tiempo angustioso y escribo este post por si sirve de ayuda a alguien.

Todo comenzó con un MD de un contacto conocido. Me pedía que le votara en un link que me iba a enviar y… Bueno, esas cosas que hacen los hackers y que piensas que jamás vas a picar, y vas y picas. El caso es que no empecé con buen pie, pues pinché y al ver que no se desplegaba nada, abandoné la aplicación y me fui a hacer mis cosas. Era viernes, 29 de septiembre de 2023, y no fue hasta pasadas muchas horas en una de las veces que volví a ingresar en Instagram, cuando vi todo gris. Mi información de perfil, mis fotos, mis seguidores, todo estaba todo gris y vacío porque había perdido acceso. Tampoco comprobé mi correo esa tarde donde al parecer Instagram te informa de que si no eres tú el que ha modificado el mail, te pongas en contacto con ellos.

Recuerdo que estaba con una amiga y me entró tal desconcierto, ansiedad e impotencia, que era incapaz de entender las instrucciones que el propio Instagram te dice para que soluciones el tema. Era como si las letras estuvieran en sánscrito, no me enteraba, no era capaz de hilar dos palabras seguidas. Al final ella me ayudó y lo que conseguimos es que me hicieran un videoselfie y ya te contestaremos… Pero pasó ese finde y no me decían nada y entonces fui consciente de qué suponía ese hecho en mi vida.

Sentí como si alguien hubiera entrado en mi casa, como si pudieran espiar mis conversaciones privadas y utilizar mis imágenes, donde la mayoría de ellas, está mi persona. Menos mal, porque esto me permitía acreditar mi identidad en un videoselfie. Debido a que mi perfil casi llega a los 2.000 seguidores y no vendo productos que puedan estafar ni publico cosas deshonrosas, estaba ya esperando sus siguientes movimientos. Tres mierdas de historias de bitcoins y ganancias en unas perrillas que nadie que me siga picaría. Era tan burdo el ultraje que me recordaron a esas señoras de antaño que se ofendían cuando las amantes de sus esposos eran unas zarrapastrosas. ¿Qué se han creído? ¡Mis historias y mensajes tienen mucha más clase!

Al poco un perfil sospechoso de una chica tipo scort de nombre eslavo y prefijo de Nigeria, el mismo móvil que se habían puesto en mi cuenta, así, sin disimulo alguno, me contacta por WhatsApp para ofrecer su ayuda a recuperar mi cuenta. Vaya, que igual me iban a sacar pasta y todo. Ni que fuera yo Shakira.

Me puse a «visionar» varios vídeos de YouTube donde contaban qué hacer, a dónde dirigirte y a qué santo encomendarte, pero hasta en al menos todos los que vi, terminaban con la fatalidad: olvídese de recuperar su cuenta si no pasa esto y lo otro y lo de más allá. Dejé de buscar esperanzas en esos vídeos y en foros y me puse a hacer todo lo que estaba en mi mano.

Pedí a mis amigos más allegados que denunciaran esa publicación y la propia cuenta por hackeo, usurpación de identidad y me hubiera gustado añadir mal gusto, pero ahí quedó la cosa. Instagram, silencio… Denuncié yo misma desde otra cuenta de empresa como una posesa. Lo hacía varias veces al día, al menos, dos diarias. Resultó una prueba diabólica. Los muy pillastres me cambiaron el correo, le añadieron un guión bajo al nombre de usuario y modificaron el teléfono. Al meter la doble verificación cuando yo pinchaba en que me había olvidado mi contraseña, le mandaban un correo a los malos y no había manera. Sí, a ese número de teléfono que se había ofrecido, a ese mismo. Sin correo ni teléfono de acceso, solo podía hacer videoselfie y no conseguía volver a llegar a ese paso del primer día.

Llamé a varios contactos a ver si les había pasado esto alguna vez y qué hicieron. Malas noticias, todos acabaron abriendo cuentas nuevas y olvidando sus antiguas. Pero nadie denunciaba. A ver, ya solo mi instinto de abogada me decía que yo seguía siendo responsable de lo que esa página hiciera, que si no ponía una denuncia a la Policía Nacional podía verme en un lío, pero es que además, en una de esas múltiples acciones que hice, contacté con un teléfono que me dio esta amiga que me asistió el primer día, el 910 760 430 y me recomendó, efectivamente, que fuera a denunciarlo. Ese teléfono me remitió a otro de ayuda, el 11887, (al que solo puedes acceder desde un fijo, porque los móviles, al menos los iPhones lo impiden por seguridad porque tienen bastante cargo adicional) y tras varias preguntas de rigor y narrar todos los procesos que seguí, me sentenció que poco podía hacer, no sin antes echarme la bronca por no atender el primer mail de Instagram informando del cambio del correo.

O sea, ya no basta con el machaque interior por zoquete pinchando lo que no tenías que tocar y verte en la que te has visto, sino que encima te tienes que dejar hackear de libro para que los señores técnicos que te ayuden tengan el trabajo fácil y cómodo para resolver la cagada que has hecho. Así cualquiera…

Cierto es que no dejé nada por hacer de mi parte: denunciar la cuenta a Instagram desde la aplicación, desde Meta, desde una cuenta de Instagram solo para hackeos, desde la página de help Instagram, enviando directamente al correo de Instagram. Llegué una vez en uno de esas páginas a enviar para acreditar im identidad un pdf con mi DNI. Mi siguiente paso era poner una denuncia ante la Policía Nacional a la propia aplicación de Instagram por no atender el delito que previamente había denunciado y todos mis mensajes informándoles del hackeo. Nada…

Hasta que ya se me ocurrió el siguiente nivel: abrirme otra cuenta con otro correo y denunciar directamente como delito contra la propiedad intelectual porque era yo. Lo hice un día, denuncié varias veces y nada, hasta que… ayer, el 23 de octubre Instagram me dejó cambiar la contraseña de mi cuenta hackeada. Me pedía un medio para dirigirse a mí y le daba mi correo porque no me fiaba de que mandaran un SMS a los piratas. Se me aceleró el corazón, ya supe que la iba a recuperar. Había una novedad y a ese cambio me agarré.

Efectivamente, seguí los mismos pasos que antes, pero desde la contraseña nueva me pude saltar la doble verificación al teléfono y me hicieron un videoselfie. No creo que esta experiencia me haya envejecido tanto como para transformarme, pero lo cierto es que el primero que me hice, a los dos minutos me contestaron que no podían verificar que era yo. Lo volví a hacer y a las pocas horas me contestaron. Corriendo volví a introducir la contraseña nueva, metí un código de 8 dígitos que me enviaron al mail y mi perfil se abrió. No se desplegaba todo, tan solo la parte de arriba del perfil.

Me temblaban las manos cambiando el nombre de usuario, el correo, y al llegar al teléfono no me dejaba quitar el malo y poner el mío hasta que me metí en ajustes y al fin conseguí eliminar el número ese. Saqué unas claves de recuperación largas y complejas para otra vez y ya volví a tomar el control de mi página. Ahí estaban mis diez años de cuenta con mis recuerdos, mis publicaciones, mi trabajo de captar seguidores, mis interacciones, toda una vida virtual donde he invertido tiempo, mimo, foco, compañía, ayuda, aprendizajes, diversiones, innovaciones, errores, aciertos…

No sé al final si ha sido por mis múltiples denuncias, mis varias vías, mi insistencia, porque habían bloqueado la cuenta a los hackers por las denuncias, porque lo hice desde otra cuenta mía, porque el algoritmo giró a un lado o porque existen los milagros, pero tenía solo 30 días para recuperarla, según la información de Instagram y mantuve la confianza de que iba a conseguirlo.

Tener confianza no es sentarte en el borde la piscina tomando el sol a esperar que las cosas sucedan, es tomar acción en lo que está en tu mano y sentir la certeza de que se dará. No sabía cuándo ni cómo, eso no me compete, pero sí me compete no tirar la toalla.

Esta experiencia me ha servido para darme cuenta de muchas cosas. De que hay una voz interior que sabe lo que he de hacer. Me decía que desoyera lo que le había pasado a otros, que cada uno tenemos un camino que recorrer y porque a otros no les haya salido conforme a lo esperado, quizá a mí me esté destinado otro resultado. Que siempre hay un paso más que puedo hacer, una acción que no he tenido en cuenta, una tecla que no he tocado. Que mis cosas son valiosas pero no me identifico con ellas. No soy una cuenta, un perfil o una marca personal. Que no había apreciado del todo a cada una de las personas que me siguen en redes y que habían dedicado su tiempo en leerme, animarme y aportar su pensamiento. Que no pasa nada si tenía que empezar de cero. Y que mi confianza y desapego como actitud ante las circunstancias es lo que crea mi realidad y que en este relato de los hechos se ha materializado.

He sentido alivio por volver a tomar el control de mis creaciones. He sentido gratitud porque se ha resuelto de una forma amable y cómoda para mí. He sentido orgullo por cómo la he gestionado. Siento empatía por las personas que se han visto y se verán en estas circunstancias. Siento comunidad porque hay quien me ha mostrado solidaridad, apoyo y consuelo. Y aunque no quisiera repetir esta prueba, sé que si vuelve a presentarse esta misma o alguna parecida, el mundo real sigue y al fin, éste y solo éste es el importante.

7 comments

  1. Esta vez ha triunfado la constancia. ¡Bien!

  2. Laura Segovia

    Espero que no haya «otra vez» 🙂

  3. Hola buenas noches, a mí me ha pasado lo mismo, llevo desde Junio enviando e-mails a support@instagram.com y help@instagram.com incluso denunciando en policía, a día de hoy sigo igual ya no se a donde dirigirme, me alegro de que pudiera recuperar su cuenta ojalá pueda decir lo mismo.

    Un saludo y gracias por contar su historia

  4. Laura Segovia

    Esta vez… No siempre basta, pero cada uno tiene una misión para superar los retos de vida. A mí me suele acontecer así.

  5. Laura Segovia

    Lamento decirte que ha pasado mucho tiempo ya. No queda más que denunciar a Instagram si tu cuenta hackeada sigue activa, pues se trata de un delito de suplantación de identidad y si ellos son conocedores, están consintiendo la comisión del delito. No sé cómo, llegué a un mensaje que ponía que las acciones tendentes a recuperar una cuenta a través de relación con Meta y verificaciones, caducaban a los 30 días. Tal como narro, desde otra cuenta que me creé denuncié la mía y me ofrecieron la posibilidad de verificar mi identidad a través de vídeo porque en mi perfil tenía multitud de fotos mías. Les mandaba a diario varias denuncias hasta que llegué a conseguirlo. Lamento tu situación, además de crear impotencia y rabia, te sientes vendido porque el contenido ha llevado su mimo y tiempo. Ánimo.

  6. Hola! Como enviabas denuncia?
    Yo reporto un fallo desde otra cuenta y explico lo sucedido.
    Mi cuenta está bloqueada por hakeo.

    Sos!!!

  7. Hola. A mi me pasó lo mismo ayer,también me mandan whatssaps desde un número de Nigeria.
    También intento recuperar la cuenta y mando un video selfie peró al entrar de nuevo me pide otra verificación con la terminación del teléfono de Nigeria.
    Yo tengo otra cuenta y denuncio a la mía por hacerse pasar por otra persona que soy yo. Mi pregunta es si tu tienes otra manera de denunciar la suplantación de identidad. Grácias

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