Para ti toda

Quedé con una amiga de esas de la primera juventud y nos charlábamos tan a gusto nuestras cosas y me comentaba que ahora estaba tranquila y desde esa tranquilidad adquirida hace poco y de manera silenciosa que se había instalado en su vida, hacía cosas que la desarrollaban, y hacía esto y lo otro y que era más feliz y tal y tal… Y yo la escuchaba y al tiempo que la envidiaba por estar tan serena, tan segura y tan radiante como se ponen algunas que empezamos esa estapa cual ave Fénix, me invadía una desazón terrible.

Para que luego digan lo de la escucha activa… Que conste que le prestaba atención, pero la “culpa” la tuvo ella tocando temas escabrosos conmigo. ¿La tranquilidad, la estabilidad? ¿El equilibrio? ¡Qué horror! Yo desde ese sitio, desde ese lugar, me entra así como una angustia… Entonces yo no paraba de preguntarle ¿pero eres más feliz? ¿pero te encuentras mejor? Y ella todo el rato respondía que sí con su sonrisa y yo me perdía buscando algún gesto corporal o microfacial que lo desmintiera… O todavía me falta mucho por entrenar, que no lo dudo, o me temo para su bienestar y mi desazón, que sí, que era verdad.

¿Y a mí eso cuando me toca? ¿Madurar consiste en eso? ¿Consiste en buscar calma? El caso es que en el período del posible diagnóstico de una fatal enfermedad (cuarentena) hablas con unos y te dicen que están fenomenal, que por fin encontraron esa tranquilidad en su vida, en su relación de hace tiempo, con sus amigos de siempre y en su profesión ya dominada y que encuentran el gusto y la satisfacción en sus cosas cotidianas. ¿Todo va a seguir igual de tranquilo? ¿¿Hasta cuándo?? 

Y si no, es peor, están los otros que te dicen que su vida es un puro caos, que lo pasan de cine variando a diario de calienta sábanas, de reinventarse en el trabajo cada tres meses y conocer y desconocer a gente tan frikie como ellos; mas luego te los encuentras llorando por las esquinas. En el fondo confiesan que anhelan esa calma. No me identifico ni en los principios de andar de flor en flor, ni en los finales de que en realidad su bienestar lo encuentran en lo contrario de lo que hacen.

Me sigue obsesionando encontrar una tercera, cuarta o quinta opción. Si lo que me espera es eso, una tranquilidad de esas… mira, que mejor cuando llegue a casa se la paso a ese necesitado y yo… yo si eso, sigo con lo mío. Pero la presión se siente… Parece como si todo a tu alrededor te conduce, guía y se enfoca hacia la estabilidad, hacia encontrar algo seguro (concepto inventado), quieto (concepto ligado a muerte) y desde ahí seguir explorando para volver corriendo a encontrar la calma. Eso me recuerda a mi niñez, me sabía el camino de retorno a casa, pero para mí la calle era la vida. Hay quien hace hogar y hay quien lo lleva consigo.

Mi amiga no supo de mis vueltas de tarro, igual se entera por este post, pero la muy hábil me dejó en ese estado en el que sientes que te dan un buen tortazo, todo se concentra en ese gesto para ti, mientras los demás siguen moviéndose como si nada, hasta que el escozor en la cara se disipa físicamente, dejando cierto rastro en el ánimo.

Sigo intentado encontrar respuestas ¿dónde narices voy a encajar? ¿de verdad todos ansían calma? ¿habemus de otros? La cuestión es que siempre escuché en el plano profesional que eso precisamente es lo que hacen un buen líder, un buen profesional: alguien que impulsa los cambios, que se resiste a la rutina, a la comodidad, a la estabilidad y… Se olvidaron que uno no se pone el traje de trabajo como Superman y luego se lo quita para volver a ser Clarck Kent y no variar en ningún cómic el estilismo de gafas y traje chaqueta.

Venga, haciendo un esfuerzo voy a aceptar que alguien lo ha visto, alguien lo es, alguien trabaja con ellos o alguien lo ha conocido por referencias, aunque sea para escribir un libro, hacer una peli o llenar escenarios de TEDex con mensajes motivadores… Pero es que tampoco me sirve, siempre se habla en entornos de trabajo, de arte, de estilos de vida, pero, pero, perísimo, no se te ocurra llevarlo al plano personal. No, ahí en cuanto a la esfera privada, desde la que nace paradójicamente tu trabajo, tu arte y tu estilo de vida se pregona la perpetuidad, el inmovilismo, la quietud y la paz como indiscutiblemente algo buenísimo: las amistades, la pareja, el hogar, los valores, el aroma del café, tu marca de coche…

Pero a alguien cómodo en la calma, tranquilidad y estabilidad ¿se le ocurre proponer cambios? ¡Sí! me contestó alguien una vez. Lo atiborramos a fuerza de voluntad, a sensatez… La cabra tirará al monte y en cuanto sepa del prado tranquilo, llámala otra vez a ver qué te contesta…

Pero es que tampoco me vale, es que no hablo de forzar, no hablo de algo impuesto, hablo de algo deseado. Cuando digo que la calma me aprisiona, es eso. Cuando digo que cuando las cosas encuentran su equilibrio preciso romperlo para volver a buscarlo y una vez hallado, escapar de él, es eso. Y los he visto, incluso los conozco… pero no cuelgan carteles del tipo: mi calma es no estar calmado…

Se me hizo largo el post, pero no menos la búsqueda de más respuestas.

PD: Por cierto ¿sabes de dónde viene la historia de este logo? De conservar la calma… pero con el fin de prepararte para la acción.

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