¿Para qué un coach?

Leo y escucho por ahí ataques sin base que reciben los coaches y me gustaría aportar algo al tema. A modo de introducción de perogrullo diría si esos que hablan han tenido un proceso con alguno. Y si ha sido así, qué tanto hay de fallo del profesional y qué tanto hay de responsabilidad del cliente.

Porque digo yo, que hay disciplinas donde resulta complicado de identificar y sin embargo, en coaching parece que siempre procede de la misma parte. Yo tengo mis teorías. Una y la principal de todas es que en coaching se remueven los cimientos de los clientes y eso no gusta. Mejor señalar con el dedo hacia afuera.

Para entendernos, en coaching principalmente se cuestionan las creencias con las que vienen las personas acerca de ideas que tenemos muy enraizadas como certeras en temas trascendentales. Creencias acerca del amor y su duración, por ejemplo. Si tenemos el paradigma firme de que cuanto más dure una relación, mejor es, y que en base a esta prolongación en el tiempo se ha de hacer lo que sea para mantenerla, resultará complicado hacer reflexionar al cliente para que mueva fichas y salga de situaciones que no le llenan. Le podrá colmar estanques básicos, pero a cambio tendrá que perderse la plenitud en pareja y no entenderá si recae en infidelidades, o por qué no para de engordar, o se pasa con la bebida, o le resulta más tentador cualquier oficina que su casa, o por qué cuantos más esfuerzos hace, más desprecios recibe de su pareja… ¿Que le sirve? Fantástico, no se cambia. ¿Que no? Pues mira a ver. Créanme si les digo que cambiar nuestras creencias es de lo más doloroso y fatigoso que conozco y vivo.

Muchas veces chocaremos con resistencias inconscientes. Esas lealtades al clan familiar como normas no dichas… o ese condicionamiento a experiencias previas extrapoladas y sacadas de contexto… esos traumas grabados y que manchan todo el vaso con una sola gota de tinta… esos pensamientos irracionales encubiertos… Y claro, no “notaremos” ningún cambio, por más que racionalicemos las cosas. Descartaremos así al profesional por mala praxis.

También chocaremos con resistencias conscientes. No lo leí en ningún artículo que ponga un cuño oficial, y si lo tiene, ya no creo en la oficialidad. No lo puedo tocar, no se puede demostrar al 100% e infaliblemente como… como… como curar el cáncer ¿verdad? O lo que es peor: es imposible o de tan complicado ejercicio, que no hay súper humano que lleve a cabo tal proeza. Porque yo no lo conozco y claro, de todos es sabido que yo conozco a toda la población mundial y a todos les he hecho las pruebas para llegar a tales conclusiones mías… Y aunque personalmente no lo he probado, ni falta que me hace…

Vamos, que un sinfín de empoderados disfraces del ego nos auxiliarán para señalar al de enfrente como un “vendehumos”. Inciso: con esas palabras denominamos a quien no te da una “pastilla” que dice que te cura y va y te cura. Que lo mismo también puedes morir, pero entonces es que te tocaba porque el cuerpo humano es impredecible, pero no achacable al que te dio la pastilla. Y como los coaches no repartimos pastillas…

Eso sí, darle crédito a quien te dice que te cuestiones que quizá lo que venías haciendo 40 años atrás y que hasta ahora parece que te funcionaba y que ahora no tanto, pero que puede que haya otras maneras de funcionar… Si no me da la “pastilla” y encima me toca ponerme a pensar y averiguar y quitarme la razón y ver posibilidades donde había excusas… Un vendehumos.

Si yo no tengo en verdad problemas, no me hace falta ir a un psicólogo que quizá sugiera en mi entorno que ando pallá o que evidencie que quizá no sea perfecto, válido o acertado… No, voy a llamar a un vendehumos de esos que que no da tanta vergüenza y de los que algunos presumen, para que me ayude con lo mío y si no me apetece hacer lo que yo mismo he concluido que debo hacer pero me sabe peor que un festín de acelgas crudas revenidas; o que en tres meses no ha arreglado mi vida entera, que tantos gloriosos 40 años me ha costado forjar, siempre puedo decir que era un vendehumos.

¿Los libros de autoayuda? No sirven para nada. Lo mismito que ese manual de aprender a nadar. Mira que lo he leído y releído. Lo he comprendido, sí, con unos dibujos fantásticos, pero vamos, sin piscina y sin tirarme… Dos manuales para la basura, voy a advertir que nadie se los compre, porque no sirven ninguno. Sigo rayado con lo mío y tampoco veo yo progresos en mi estilo mental a braza. ¿Coaches y monitores de natación? Unos vendehumos. (Yo los llamaría “vendelibros”, pero en esto de nominar, parece que ya corre el libre albedrío.)

Y si no, los que te dan un chorreo en vídeos de Youtube o en charlas de anfiteatro, que sales como una moto de allí, pero luego a la tercera vuelta a la manzana sigues siendo el mismo. ¿Para qué sirve eso? Unos motivaos. (Bueno, nótese el lector, que hemos incorporado una acepción más.)

Y resulta que nada de escribir libros o dar charlas es hacer Coaching. Rafa Nadal concede entrevistas, aconseja marcas de coches, charla amistosamente bajo el logo de una entidad bancaria, crea su propia fundación y nadie duda de que en esas cosas no juega al tenis. Pues bien, un coach que escribe un libro, imparte una clase, organiza un evento, da una charla o da su opinión sobre diferentes tipos de gin tonics, no está haciendo coaching.

Nuestro trabajo difiere de la formación, de la consultoría, de la psicología, de la escritura y del espectáculo. El coaching es un proceso, porque parte de un punto para llegar a otro (meta u objetivo inicial). Requiere tiempo (la digestión tarda 3 horas, el hombre se gesta en 9 meses, el adulto se forja en 21 años…) Y es indispensable la voluntad (deseo auténtico desprovisto de autoengaño, con plena conciencia y asunción del control).

El coach dispone de unas habilidades que pueden ser comunes con algunas profesiones y otras que son específicas. ¿Comunes? pues la escucha activa, por ejemplo. Eso mismo ha de tener un abogado con su cliente, un médico con su paciente, un maestro con su alumno, un vendedor con su comprador, etc… ¿Específicas? pues ofrecer un buen feedback. Lo que viene siendo una crítica constructiva formulada con empatía y con un fin oportuno para que el coachee (cliente) tome conciencia, asuma la responsabilidad de su persona y se ponga en acción.

Eso lo hace un buen amigo. A ver… si tienes la gran fortuna de tener entre tus amistades a una persona que no tenga una idea prejuiciada acerca de tu trayectoria vital, que te cuestione todo con sincera curiosidad, carezca de ningún tipo de interés en tu toma de decisiones, que cuando te preste atención no se implique él emocionalmente, te deje la más absoluta libertad en tus argumentos y acciones aún cuando discrepen de sus más elementales principios y valores, intuya que te vas a dar de bruces y respete tu paso, no dé consejos gratis y basados en su mapa mental, no te haga de paño de lágrimas, de animador de feria, de ayudador de bricolage, de salvador de patrias, de fiel acompañante y además te priorice y anteponga para que asumas el protagonismo de todo encuentro… ¡Enhorabuena! tienes un coach. ¡Lo siento mucho! has perdido un amigo.

Y ahora, un párrafo dedicado a todos esos alterados psicólogos (sí, profesionales de la conducta humana) que en vez de estar centrados en lo suyo echan espumarajos de rechazo, rabia e indignación hacia esta praxis, poniendo de manifiesto a todas luces su falta de autogestión emocional y su miedo enmascarado: No somos rivales, tranquilos… Hay muchos elementos para formar pasteles, menos miras de escasez y más actitud de abundancia. Tranquilos… solemos remitir lo que no nos concierne, imagino que lo mismo que hacéis vosotros, no tenemos distinto ADN. Venimos a coadyuvar al ser humano con lo que buenamente podemos aportar. Como pueda ser un fisio, un cirujano, un yogui, un nutricionista, un masajista… ¿Os metéis con ellos? Los habrá malos, remalos y los habrá buenos, rebuenos. Entre los coaches, igual.

¿Para qué un coach?

¿Notas que algo no marcha y te ves incapaz de encontrarlo con los recursos de los que dispones? ¿Sientes que te ronda un malestar que no identificas de dónde viene? ¿Tienes muy claro a dónde ir y quieres obtener diferentes resultados de los conseguidos hasta ahora? ¿Te encantaría expresar eso que no te atreves a decir sin escuchar opiniones acerca del bien y del mal? ¿Quieres mejorar un aspecto de tu vida y crear un hábito a tu estricta medida? ¿Disponer de método para manejarte en circunstancias estresantes? Para eso un coach. Eso sí, el que trabaje en esas cuestiones serás tú mismo. Si no lo consigues, será por ti. Si lo consigues, será tuyo el logro y el aprendizaje para conseguir otros logros.

No me sirve lo que tenía, no disfruto con lo hago, me boicoteo constantemente, repito patrones de relaciones, quiero averiguar mis talentos, destapar mis bloqueos, avanzar en mis metas, diseñarme escenarios nuevos, abrir los ojos, saborear el camino, madurar… para eso un coach. Eso sí, lo harás tú aunque estarás acompañado en lo que quieras y como quieras y hasta cuando quieras.

Somos acompañantes escuchadores y preguntones. Cuando yo empecé de coach, me dedicaba casi en exclusiva solo a escuchar. Eso sí, escuchaba con muchísimas atención, escuchaba de libro. Me parecía que aportaba poco y sin embargo, mis primeros clientes me decían que les había ayudado, que habían reflexionado, que habían encontrado… Y yo me decía: me pagan porque les escuche ¿cómo pueden conformarse con eso?… Lo comprendí más tarde. Se pude decir, que a partir de ahí, me convertí en coach profesional.

¿Te he dejado pistas de para qué un coach?

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