Nosotras las rubias

Siempre tuve en mente que algún día escribiría sobre nosotras, las rubias. Que lo haría con la intención de desmitificarnos y poder mostrar al mundo que también tenemos nuestro pequeño corazoncito, cerebrito y algún que otro defectillo, que no todo va a ser oro bruñido… pero también siempre pienso que da lo mismo, que cada uno tiene su idea ya formada.

Y es que creo que estamos en exceso infra/sobre-valoradas ¿no te lo parece? Y lo peor de todo es que como estereotipo no somos bien admitidas en ningún bando, ni en el de hombres, ni en el de mujeres. En el bando de las mujeres, en el de las otras, somos unas incomprendidas.

Sin ir más lejos, cuando le dices a una amiga que estás sufriendo porque fulano te ha dejado o te ha rechazado, no te dejan desahogarte en paz. Se piensan que siempre tienes a otro de repuesto esperando en cola y que tu pena va a durar un cortometraje de Tarantino, pero no es así…

Claro que tenemos de repuesto, pero ¿que te gusten de verdad? Eso ya es más complicado. Imagínate, nos entra enseguida el problema de la indecisión. ¿Tú sabes? ¡Ah, que no eres rubia! espera que te lo explique… Normalmente como rubia tienes tus tipos de pretendientes y cuando tienes a tantos donde elegir, es terrible. ¿Con cuál te quedas?

Con el que se queda deslumbrado al primer brillo que pasa. De esta clase está bien para coleccionarlos, pero si no tienes esa tradicional afición, no los escojas porque has de saber que siempre hay brillos pasando, porque las rubias abundamos, no somos minoría.

Con el que se quedó traumado por una rubia anterior y anda buscando su alma única en recipientes semejantes. Estos son fantásticos para entrenarte como enfermera y actriz de melodramas, pero si quieres ejercer otras profesiones, al final te lastran. Lo mejor es detectarlos enseguida y correr con zapatillas de doble almohadilla de gel.

Con el que dice que suspira por tu mente pero no lo pillas más que jadeando por tu cuerpo. Uy, de estos ni hace falta que te advierta, y menos si vienen con camiseta de tirantes, pantalón marca testosterona y coche de cilindrada tamaño de su valía. Eso les pasa por engañar, yo creo que si fueran de frente por la vida se comían tres roscos más seguro, pero camuflarse de profundos cuando a los dos centímetros ya tocas techo… Se puede perdonar la idiotez, pero la falsedad, como con los políticos americanos, no.

Con el que necesita una extensión de su ego, pero ojito no lo solapes nunca o de princesa acabas al final de sirvienta. La pega de estos es que te tienes que comportar como su tradicional rubia ejemplar en todo momento, y eso acaba siendo agotador. Todo el santo día con el sex appeal subido, a toda hora dispuesta, en momentos hacerte la débil y desprotegida para que te salve, especialista en mirar para otro lado, consentidora de pisotones y agradecida por lo menos bueno y lo más malo. Con estos te haces callo de rubia, pero de tanto teñir el pelo, acabas estropeándolo.

Ya te digo, difícil elección… Sí, claro, hay más tipos, pero algunos están reservados a las otras y tampoco los necesita una: acomplejados, conformistas, granjero busca esposa o mamá de reemplazo, empresarios de amor, etc… Por eso decía yo que no somos admitidas en ningún bando al final. Si fuéramos por ahí quedándonos con todos, incluso las gangas, las otras no nos dejarían entrar en el grupito. ¿Y con quién saldríamos los fines de semana a bailar? Es de harto sabido que las que bailamos somos las mujeres, los hombres después de varias copas y los que gustan de vasos de tubo, no de copas.

Y en el bando de los hombres, dejando aparte los prototipos descritos, también cuesta que te den una oportunidad como simple mujer, y no como rubia de marca. Cierta vez me dijo una amiga a la que yo tenía por afortunada en genes:

—Qué mala suerte tuve de joven. Los chicos se topaban con mis tetas y no me veían a mí, que estaba detrás.

No es una vida fácil ni cómoda la que tenemos las rubias porque además, fuera de este ámbito del emparejamiento, de la ornamentación o del desquite, dejamos de ejercer nuestra influencia para ser arrinconadas. ¿Quién necesita una rubia para las cosas serias y de verdad? ¿Pintamos algo en el mundo de la política, los negocios o la ciencia?

Pese a ello, yo no dejo mi puesto de rubia, no renuncio a sentirme como yo quiera sin perjuicio de como quieran encasillarme los demás. Ser rubia es una actitud, da igual tu color de pelo, la talla que uses, los gustos que tengas e incluso la edad. Nunca antes me he sentido tan rubia como ahora. Rubia, y a mucha honra.

Comentarios

Comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.