Necesidad de reconocimiento

Y mira que intento gestionar esta necesidad para que no me atrape en sus redes, cual cantos de sirena que en el final de sus dulces notas, su pentagrama me ancla en las profundas y oscuras arenas de la limosna afectiva.

Ya sé que en temas profesionales esta medicina cura de faltas de autovalía y previene de la enfermedad de la desmotivación y pérdida del sentido de contribución, pero como toda droga muy adictiva, acaba por matar a quien sirve.

Así que, temerosa de caer en su reino, porque me conozco… lo rehuyo cuando lo detecto y marcho vagando por campos anónimos, yermos y solitarios. Pero hoy no he querido domeñarlo. Bendito reconocimiento… Miel para mis oídos, energía para mi corazón, intuición que cristaliza, determinación que me reafirma, estima que se reconstruye en mí.

Algunas formaciones que imparto comienzan con el reto muy alto. Quien me contrata no es quien asiste. Quien lo diseña no es quien expresa su interés. Quien asiste no siempre es voluntariamente. Quien me ve y escucha no me conoce. Y precisamente esas formaciones son las que más disfruto, pues precisa poner todo de mi parte para que la magia se dé. Y para mí la magia es la conexión. Eso que hace que alumno y maestro se confundan… y fluyan… y descubran… y se descubran… y se inicie la chispa del aprendizaje. Pura magia.

Está claro que la mayoría de veces sé que voy por buen camino. Les miro a los ojos y lo sé. Ambos lo sabemos. Nos reímos al tiempo. Nos guardamos nuestras emociones. Nos mecemos las torpezas. Arrinconamos los desencuentros. Avivamos la llama del entendimiento. Traspasamos fronteras y muros de creencias, prejuicios y consabiedades. Cuidamos nuestras humanidades. Nos respetamos como seres en igualdad de condiciones ante la vida, si bien con diferentes roles en ese instante y nos dejamos las resistencias en el pupitre que está de cara a la pared y de espaldas a lo que allí acontece.

Guardo como tesoros de piratas escondidos en islas remotas desiertas lo que allí nos decimos, lo que surge. Pese a que estas formaciones son grupales, no firmamos códigos expresos de trato, de confidencialidad, ni de protección de imagen. Pues la película mental que cada uno se lleva, se colorea a gusto y nunca es fiel reflejo de una realidad, pasan por el tamiz de la experiencia individual.

Pues bien, a veces siento que llego a un destino al que jamás regresaré, pues pese a los muchos “me gustaría más contigo” que escucho, solo algunos se llegan a materializar. Y esto pasó el invierno pasado y ya me había olvidado. Y te llama su proveedor de formación y te dice con voz de grata sorpresa: Mi cliente ha dicho que quiere que lo impartas tú. Que digas tú los contenidos, con sus preferencias, pero que seas tú. Que aún falta la aprobación definitiva, pero vas a ser tú porque quieren que seas tú.

Y en ese momento, viene mi papi, mi profe, mi chico, mi mentor, mi primer jefe… y yo soy chiquita y mientras me tiro por el tobogán me miran y lo hago bien y recibo un vítor y una sonrisa y me siento valiosa…

Y sí, me río de haberme subido al ático emocional por ese regalo de reconocimiento en forma de llamada. Y lo cuento. Y agradezco a esas personas su confianza y su determinación. Me acaban de poner el listón aún más alto y esto aún más lo disfruto.

Me siento capaz de aceptar este reconocimiento desde otra perspectiva a como la he recibido otras veces. Lo tomo desde el: “Yo valgo, yo lo merezco. Lo quiero y lo quiero fácil. Y sé darme oportunidad y celebración para mis éxitos. Sin comparaciones. Y pese a que pueda equivocarme… me acepto. Todo está bien y no podía ser de otra manera. Porque ya estoy perdonada mucho antes de nacer.” (Palabras tomadas de mi querida maestra, amiga y socia en Egoescuela, Maku Sirera)

Así es como acogí este gran regalo que me proporciona la vida, consecuencia o causa de mis pasadas acciones. ¿Y por qué lo cuento? Porque hace tiempo que sé que hablar en voz alta me conecta con los demás. A algunos desde la admiración, a otros desde la comprensión, a otros desde la envidia, a otros desde el engreimiento, desde la humildad, desde la debilidad, desde la grandeza, burla, pena, entendimiento, incredulidad, certeza… Que cada uno escoja su aprendizaje, respecto del reconocimiento, yo ya tomé el mío.

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