Me voy a fastidiar adrede y sin enterarme

Venga, valiente ¿cuántas llevas ya? Ah, claro, se me olvidaba, si es que nos fastidiamos sin enterarnos… Pues vamos a sacarlo a flote: Piensa en algo que has hecho que no querías, que a nadie reporta más que a ti y que te lastraba mental o físicamente. ¿Ya? Sí, no pongas esa cara, eso mismo pensé yo después de hecho: No hay peores retos que los impuestos por uno mismo sin deseo.

—No, es que hacemos cosas por los demás que aunque no quieras…

Que noooo, que no me refiero a eso, que no estoy hablando de deberes, responsabilidades, tareas impuestas por la familia, trabajo o amigos. Hablo de tus cosas, de lo tuyo.

—Pero aunque sea para mí, algo me ha aportado.

Pero no lo querías. Eso es como decir que aunque no querías que te atracasen en la calle, algo has aprendido. Pues supongo, la experiencia de cómo te manejas en esas situaciones, cómo proteger tu dinero, tu integridad, etc.

—No siempre lo que no se quiere al principio, luego no es bien recibido.

Vale, admitamos el síndrome de Estocolmo y todo… No lo quieres, te lo impones haciendo esfuerzos, gastando energías y lo haces. ¿Qué has conseguido? ¿Te ha merecido el esfuerzo, el desgaste, el sacrificio, tiempo invertido, renuncia por tomar esa opción?

—Pues sí, porque al menos he conseguido algo: saber que puedo conseguirlo.

Pero es un objetivo secundario, se podría haber conseguido esa experiencia yendo directamente al grano, a algo que deseas y así, dos pájaros de  un tiro: satisfacción por conseguir lo que te propones y además que lo propuesto y conseguido sea algo deseado.

—El caso es marcarse metas y seguir hasta el final, pase lo que pase.

Pues no, pararse a tiempo es esencial para revisar lo que queremos y no perder nuestro rumbo. Pero ¿cuántas veces hemos cambiado de rumbo interno y sin embargo seguimos hacia viejos destinos? Al desembarcar del viaje nos vamos a dar de bruces con la isla desierta, no con la del tesoro y es posible que entonces hayamos agotado nuestros recursos y perdamos tiempo en volvernos a recuperar. No, no parece una opción inteligente seguir y seguir.

—Si nos hemos movido, por algo será. La teoría de la motivación se basa en que si no encontráramos un beneficio, por pequeño, ilusorio o recóndito que parezca, no nos pondríamos en acción.

Entonces es que es irreconocible, nos queda en el inconsciente, no nos enteramos. Pero el caso es el mismo, si no sabemos qué queremos ni para qué, ¿qué valor tendrá entonces para nosotros?

—Algo inexplicable que nos hace continuar, como una señal de que algo bueno después sucederá.

Vaya, nos encontramos con algo que no queremos, hacemos el esfuerzo de conseguirlo, desconocemos su significado, su logro en sí nos deja indiferentes… ¿y tenemos que confiar que algo bueno nos deparará?

—Visto de esa manera… podría admitir que sí, que no hay peores retos que los impuestos por uno mismo sin deseo.

Pues al fin hemos llegado a la misma conclusión…

—¡Venga ya! ¿Le vas a hacer caso? Todo eso para decirte que odia madrugar pero que si no lo hiciera no podría disfrutar luego de este amanecer mientras corremos por la playa…

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