El método perfecto para cazar inmaduros: el doble click azul

Me puse a hacer las maletas corriendo para huir despavorida, pero luego me di cuenta de que es un fenómeno universal y me dije: total, aquí es donde más rico hacen el arroz con bogavante…

¿De verdad que el doble click azul del WhatsApp informando de que tu mensaje se ha leído por el destinatario es el que ha provocado este pánico mundial? Están todos de coña y en plan cínico como me gusta a mí escribir ¿verdad? Si no es así, voy a pedir ipso facto entrar en esa empresa como ideadora de bromas macabras…

¿No dicen que la privacidad, la intimidad, la capacidad de libertad y no sé qué memeces más se va a ver mermada? Pero ángel mío, ¿desde cuándo alguien va a pensar que es necesario, sano y normal vivir pendiente de los demás? O sea, alguien tiene a bien mandarte un mensaje porque quiere, así por las bravas y tú tienes a bien recibirlo, leerlo, ignorarlo, borrarlo, pasarlo… Eso ha sido de siempre, de toda la vida desde que se inventaron los mensajes (en el año…).

Menos los de la botella en el mar, que yo sepa, cualquier carta, dedicatoria, fax, poema, requerimiento, manuscrito, testamento y hasta pintada en la calle conlleva en sí mismo la libertad del lector de hacer con ello lo que estime. ¿O no? Si te lo encuentras en la botella esa en la orilla del mar tienes obligatoriamente que hacer una peli, eso es así (#Esoesasí que diría mi amiga María Azcárate), pero para el resto de medios es optativo.

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¿Cuándo te arrebataron tu capacidad de decidir? ¿Cuándo te hurtaron tu voluntad? ¿Quién te robó tu persona y te dejó títere? ¿el papá de Pinocho? ¿No será el demonio del WhatsApp? ¡Que no me entere yo!

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Es que cuando oigo y leo que la gente se rasga las vestiduras en plan: me van a criticar, me van a pedir explicaciones, se va a poner celoso… ¿estamos tontos o qué? No se mata al mensajero, no se mata al recipiente, se acaba sin piedad con el tarugo inmaduro que se atreve a cuestionar nuestra libertad de acción:

—Lo he visto ¿y qué?

—¿No te gusta mi falta de respuesta? Pues toma doble click. No uno, sino dos clicks.

—Anda y coge el cable del cargador del móvil que tienes por ahí y átate tu wathsapp con doble nudo alrededor del cuello. En doble y en azul.

Me ha parecido tan buena la idea, tan loable el servicio gratuito que nos ofrece esta empresa en educación en inteligencia emocional y asertividad, que estoy por mandar como ejercicio a todos mis alumnos, 1) que soporten el doble click con dignidad y 2) que no dejen que nadie les manipule desde una pantallita del móvil.

Lo dicho: el mejor método para detectar inmadureces a tiempo.

(PD: Y sí, yo también miré enseguida a ver cuándo se me activaba, con quién me estrenaba y a ver quién se molestaba el primero… Sí, lo he visto ¿y qué?)

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