El amante consentido

Es un tema que me preocupa y que sigo desde hace un tiempo. En una pareja todo iba bien, todo era adecuado, hasta habéis soñado juntos con él… Hablo desde mi ignorancia profesional (lo he estudiado, mas no he profundizado) y desde mi cierta sabiduría humana (lo he vivido, observado, conversado y contrastado muchas veces) He llegado a la conclusión de que en la maternidad se gesta un amante. Sí, es una etapa donde aparece él, aparece la figura del amante. Porque tú ya tenías otro, tenías un señor, tenías un amor, pero llegó éste y le tumbó. Es lógico ¿no? Éste es mucho más joven, más novedoso, más agradecido, más dependiente, más exclusivo y más placentero.

También se mezclan los retos ante lo desconocido y se forjan prioridades. Para el padre también, ese nuevo miembro se sitúa en la cúspide de la pirámide de sus prioridades, eso se acepta (a éste lo engendramos, a ti te conocí en la calle) mas quien se ve relegado al cuarto de los invitados es el “marido”. El amante se queda con todos los mimos, todo el cariño, toda la atención y hasta literalmente todo el dormitorio. Pero… pero… si era lo que queríamos juntos, lo que habíamos planeado y mirándonos a los ojos con las manos entrelazadas lo esperábamos para completar nuestra unión… Y nos separó… Gané un hijo, perdí a mi mujer.

Es muy típica esta relación de trío, que luego se puede convertir en cuádruple, quíntuple… Todos amantes consentidos. Relaciones donde muchos sufren y pocos hablan. Relaciones donde muchas se arrepienten y pocas se atreven. A nosotras, las mujeres, porque seguimos perdidas en el limbo de nuestra sexualidad y a ellos porque bajo el manto de los prejuicios siguen apartados de esos menesteres de entender la maternidad.

La mujer que va a ser madre experimenta un cambio en su cuerpo, en su mente, en sus genitales, en sus deseos, tremendo. Pero claro, si no está del todo claro lo que era antes… Por poner un ejemplo, todavía andan enzarzados en definiciones de mujeres clitorianas y vaginales. ¿Hablan de terrícolas? Me resulta tan peregrina la discusión como me la resultaría entre hombres glandeanios y huevales… Pues vale… Vaya, teniendo en cuenta que hasta hace menos de un siglo ni siquiera se nos reconocía placer en esto de procrear, como para ir diciendo además que no es que nos desaparezca la sexualidad que teníamos, sino que cuando somos madres se vuelve más compleja.

Ese amante consentido nos colma plenamente ese nuevo espacio sexual. Lo sentimos en las entrañas, en nuestra piel, nos proporciona oxitocina a raudales y si además lo amamantamos el ciclo se multiplica. El bebé estimula partes lícitas, partes ilícitas, emociones contrastadas, instintos primarios. Con ello no quiero decir que sintamos impulsos sexuales hacia esa criaturita, ya sea niña o niño, es más sutil e inocente, la finalidad y el motivo difiere. Lo que quiero decir es que si tenemos una sexualidad propia y otra compartida con otras personas, también tenemos una sexualidad conectada con la maternidad. Criar es fuente de placer, de conexión carnal, de vinculación emocional, de creación de espacios nuevos.

Y así se observa cómo la mujer se apodera de todo el protagonismo de una incipiente familia donde normalmente las nuevas reglas son marcadas por y para el amante. ¡Imagínate! un amante consentido… Se busca principalmente la intimidad apartada, se ansía ese solitario momento de placer, único y privado. Un abrazo constante, un sueño juntos, un baño desnudos, un lenguaje de dos, un lecho común, un amamantamiento prolongado, una caricia permitida. Cómo explicar lo que uno no sabe. Cómo integrar a quien no participa en algo que ni sospecha. Pueden parecer meros detalles y hasta los podemos justificar en nombre de la comodidad, el cansancio, la tradición, la costumbre, la ternura desmedida, el consejo de un libro, un hábito… pero no dejan de ser actos que provienen de nosotras, seres sexuados. Aquí dejo el tema para expertos…

El amante a veces no sólo ocupa sitios, llega a desterrar al “marido”. Entonces, la mujer en el fondo se queda insatisfecha y llega a sentirse culpable. El hombre deambula abandonado y si actúa para cambiarlo, es recriminado.

Retomo el tema como madre que lo ha experimentado y que no sólo habla de oídas. Yo también tuve mi amante: inesperado, necesario, reconocido, consentido y luego asimilado. Mi idilio como madre no cesó, se fue atenuando, pero mi idilio como mujer lo recuperé. No se trata de renunciar a eso, ni mucho menos, se trata de integrarlo. Sólo se puede vivir en plenitud cuando uno comprende y reconoce la causa de su conducta y la de los demás.

Ese pequeño ser no podía suplirlo todo, y mi anterior y adulto ser no podía siquiera competir con ello. Cómo hubiera deseado que me hubieran medio ilustrado en lo que se me venía encima. Tanta clase de preparación al parto, tanto manual de padres… Falta conocimiento en el ser humano, en las relaciones de pareja, en la sexualidad, en la maternidad, en la paternidad, en uno mismo, en la sociedad… Falta conocimiento en el ser humano.

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