Educar en valores

A mí esta frase de buenos propósitos y vacíos contenidos, me encanta. La ponen en todos los programas educativos, la llevamos como un credo más de nuestra peculiar religión. “Lo que hace falta es educar en valores”, “Lo realmente importante es la educación en valores” Supongo que lo dicen como contrapunto a que no está bien educar en antivalores, o valores no valorables por el grupo que marca los valores. ¿O lo dicen porque existe la posibilidad de educar asépticamente sin valores?

En verdad, yo también me creía antes que al decir esto me estaba refiriendo a que lo importante era transmitir a mis hijos la lista de chica buena que yo pensaba que era la correcta. Me cojo papel y lápiz y me pongo a ello: Mis valores son… ta, ta, ta, tá. Me ha quedado de un mono… La arreglaría si mi caligrafía hubiese mejorado, pero vaya, siempre me queda el recurso de pasarla al Word. ¿Y ahora qué?

Papelito en mano, voy a ver cómo lo transmito. Como pregonera no me funcionó, lo confieso, me tropezaba con aquello de “haz lo que bien digo y no lo que mal hago” y con eso otro de que la naturaleza humana es más de ver que de escuchar. ¡¡Pero si son mis valores!! Lo prometo, me han salido ya en varios test, son los que yo quiero, siento, pienso y creo que hago. Mira, como igual esto no sale así tan sencillo, me voy a dejar orientar por manuales, que hay muchos y muy buenos.

Mi primer tropiezo fue con algunos valores que dejan mucho valor que desear: el valor de la obediencia. ¿Es un valor obedecer? ¿Qué aporta la obediencia? Ah, perdón, no caí en la cuenta que era un manual escolar y si tuvieran que razonar con cada uno por qué han de hacer esto y lo otro, el primer día de cole empezaría el último… Bueno, vale, pues lo modifico así un poquito por el respeto algunas veces, por seguridad otras, por generosidad, por… por imposición que para eso somos más grandes ¡qué narices!

Sigo con el manual y me pongo a la práctica. Esto es más complicado de lo que parece. Me toca improvisar como actriz de telenovela, no me salen los ejemplos que me ponen en el Anexo, así que me invento situaciones. ¡Oh, cielos, se nos ha hecho tarde para los deberes! Nos interrumpe un apretón de tripa infantil. Retomamos la escena tras muchas explicaciones por mi parte para que les interese. Ahora a quien llaman es a mí. En estado de pánico ojeo el índice: … empatía… demora de gratificación… conflicto de valores… ¡A la porra, ya les enseño otro día!

Me acosté esa noche muy afligida y con propósito de enmienda: por un día que se queden sin aprender valores… Casi mejor, me decía para consolarme, así siguen en estado de hoja en blanco y ya poco a poco vamos grabando valores que sean buenísimos. Mejor empezar por los que primero aparecen en el libro ¿verdad? Supongo que hay quien escoge los que profesan su religión, su tradición, su costumbre, su estudio, su experiencia… Y aquí me surgió la gran duda ¿le puedo enseñar valores diferentes a los míos? Eso sería una gran mentira e incongruencia…

Llegado a este punto vuelvo a hacer mi lista, pero ahora pensando que tal vez no se trate de tener esos valores, sino en qué medida priman unos valores sobre otros ante las situaciones que se me plantean en la vida. Porque seguro que te salen los top: generosidad, respeto, justicia… ¿y quién no los va a desear? Pero mejor los tomo como riendas que me guían y no como conceptos abstractos.

Hay algunos que tengo grabado a fuego, y no porque mis padres me los impusieran, sino porque en verdad es lo que admiro y deseo para mí. Otros los he desechado porque no me convencen, no me sirven,  no se ajustan a mi personalidad o porque soy un producto diferente al que mis padres crearon en su día. Y luego fui ensanchando la bolsa con mis amigos, mis profesores, mis mentores, mis ídolos, mis vecinos, mis primos, mis novios, mis clientes, mis compañeros… Ale, pues todos esos. Y volví a leerlos bien, detenidamente…

No hagas esto si quieres dormir en paz y ser un happy, te lo aviso. No sigas leyendo, ni cuestionándote, ni retándote a diario. ¿Crees que no lo puedes hacer mejor? ¿Crees que los valores son constantes en tu vida y así deben seguir para el resto de la humanidad comenzando por tus hijos? Si es así, no sigas ¡detente insensato! Agárrate férreamente a ellos y pon fin a este post, te lo aviso. Mas, si estás lleno de dudas, si sientes que aprendes más de tus hijos que ellos de ti, puedes continuar preguntándote:

¿Vivimos conforme a nuestros valores? Si a veces noto que no puedo ser, que no me dejo ser, que no me conduzco en el trabajo, en mi vida, en mi entorno como creo que debería regirme… Y otras los llevo tan a bandera que me cuesta pagar el gran peaje… ¿Nos aceptamos como somos o nos buscamos como somos aceptados por los demás? Pero entonces sería regirme por los valores de los demás…

Y ya pasada esta dura prueba, me asaltó la gran duda existencial: ¿debo imponer esos valores a mis hijos o tan sólo ser ejemplo y que ellos tomen lo que les sea necesario? Esta pregunta se resolvió sola: nadie enseña a nadie aquello que uno no está dispuesto a aprender. Bueno, y también que nadie enseña aquello que luego no cumple. Por ejemplo, igualdad: pero por ser chica te exijo roles diferentes a tu hermano. Esfuerzo: pero si no sacas buenas notas no te premio. Respeto: pero si haces algo mal te recrimino y humillo delante de los demás. Tolerancia: ¿pero qué es eso de ser de opinar políticamente, religiosamente, sexualmente diferente a esta familia? Paz: pero al menor contratiempo te pego dos gritos que te quedas en tu sitio…

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Ufff, respiré tranquila, parece que mi responsabilidad empieza y termina en mí. Así me comporto y me reviso, así transmitiré mis valores. Así ellos vean y experimenten, aprenderán valores. Nunca se quedarán en blanco, saldrán con valores, los que hayan visto y los que hayan decidido tomar. Ojo que la dejadez también es un valor y se pega como la tiña… Así que no aprenderán los que yo imponga, los que imaginé, los que me creí, los que me sirvieron, los que me ayudaron, no. Aprenderán de los que vean en mí, en sus profes, en sus amigos, en sus colegas, en sus circunstancias, en los que les convenza, les sirva en su mundo, se ajuste a sus deseos y conforme su propio criterio.

Padres y madres del mundo, estamos salvados, enseñados quedan… en el qué y en el modo ya…

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