Echar de menos

Echar de menos, echar de menos, de menos… Ya tengo la cuenta a menos de cero, a menos de menos de bajo cero…

Ya empiezo a comprender por qué no ponen como predictivo uno de los estados más universales y repetidos que existe: echar de menos. Gastaríamos la tecla y colapsaríamos el Face.

Echar de menos… Que no es lo mismo que echar en falta. Eso me pasa cuando abro la puerta de la despensa y al ir a tomar algo… pues me falta.

No, tú no me haces falta, me las apaño sola con lo que tengo de ti. Si se me emborrona tu imagen, reviso mil fotos mentales que tengo. Algunas las decoro con mi photoshop personal, porque sí, porque te quiero ver guapo. En otras… olvido ese ceño fruncido. Si acaso tu presencia, tu respuesta, tu intención, tu sorpresa… No es falta, no es que pueda cocinar lo que sea con tus restos, es que te quiero devorar entero.

Si te digo que te echo de menos es que soy menos yo, es que estoy menguada.

¡Qué mal se me dan las cuentas mentales! Si fuera manca, me pido no ir a la compra. ¿Cómo contaría sin los dedos? Pues mira, ahí sí que te echaría en falta. Tú pones los tuyos por mí y yo te beso uno a uno para llevarme o calcular el resto.

Pero echarte de menos es otra cosa. Echarte de menos es que al rojo le falta un punto para llamarse pasión; al azul le falta el oportuno grado para ser cielo y al amor le falta la “r” porque yo sola te amo.

¿Te extraño? Extrañar es sentirse perdido en un mundo desconocido y precisar que las cosas fueran como eran.

Yo te echo de menos en mi presente, en mi futuro, en lo que podemos discutir, en esta tarde de cine… No en lo que ya hice contigo, porque o bien no lo cambio, o si lo hiciera ya sería con mi mente presente y no repitiendo lo que me dejé de ti. Porque tenlo claro, te daría más y te cogería todo.

No, no es echar en falta, no es extrañar… es echarte de menos.

Que tampoco es te necesito. Necesito respirar, beber, reír, bañarme en el mar, abrazar con los ojos apretados y escribir. Eso lo necesito, dependo de ellos y los dejo ser mis dueños. Tú jamás me tendrás.

Me disfrutarás y me llorarás, pero no me tendrás. Porque lo que se tiene se maneja y yo no me sé ni me dejo conducir.

Necesitar es poco para lo que siento, cuando necesitas se continúa sin eso o feneces. Yo no continúo ni muero, simplemente yo entera sin ti de menos, estoy en stand by. Seguiría siendo yo si te necesitara. Al echarte de menos, no completo la esfera del nosotros. ¿No lo entiendes? es pura matemática.

Así que no, no te echo en falta, no te extraño ni te necesito. ¡Te echo de menos, maldita sea!

Que no lo confundas con un te quiero. Que eso ya te lo he dicho, que eso ya lo sabías y ya te lo has llevado. Querer no tiene espacio, distancia ni tiempo. Se quiere así como de pronto, y así como de pronto te odio y te mataría. Pero aún para matarte… te echo de menos.

Te echo muchísimo en falta y te extraño. También me combinas con un te quiero y en el fondo… en el fondo quizá te echo de menos.

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