Aprender parado, una cuestión incuestionable

Hay cosas que alguien inventó un día y ya no se pueden volver marcha atrás. No pasa gran cosa que la sopa la tomemos los occidentales en platos hondos que impiden aprovechar todo el caldo servido (¿de ahí viene la sopa boba, verdad?) pero que todavía sigamos aglutinando en aulas preparadas para tener sentados a los niños y que sigamos pensando que se aprende parado…

Yo, si tengo que fijarme en cómo se hace algo y ese algo es pequeño, pues seguramente fije mucho mi vista, con independencia de si estoy sentada o de pie. Pero para practicar una habilidad, para memorizar datos, para dibujar o trazar diseños, para pensar una posible solución a las cosas vaya, no sólo no lo hago parada, sino que me incomoda en exceso no moverme e impide fluir mi creatividad. ¡Ah, vale! se me olvidaba que me llamaban rabo de lagartija…

Pues hablando un poquito de animales y bichos: Nosotros evolucionamos aprendiendo ¿no? Es que no sé, no me veo yo al homo sapiens ahí sentado mirando la piedra, las hojas y el madero todo quieto.

—Pero hombre, dale, que teníamos que aprender a hacer fuego —le increpa el greñudo de al lado.

—Es que estoy aquí así, aprendiendo.

—No, tío, coge esa otra rama, prueba ¡experimenta leche!

—Que no, que no, que el gran sabio ha dicho que aprendemos mejor quietos y tranquilos.

—Venga, pedazo de Neandertal, coge la yesca, esa piedra, frota de otra manera, frota así o asá, ponte de espaldas por si da el viento, ve al bosque y trae otros materiales, inventa, crea, ¡¡muévete!!

No voy a contar historias archiconocidas de grandes logros, de grandes personajes o de grandes inventos para la humanidad, donde menos mal que a sus personajes no les dio por esperar que la inspiración o las respuestas les pillaran cómodamente en lugares cerrados, bien aposentadas sus nalgas y en buena postura de columna y brazos frente a una mesa; tan sólo has de fijarte cómo captas tú la información, la procesas y la practicas.

¿Te viene bien siempre de la misma manera? ¿Acaso las matemáticas son cosas de papel y lápiz en un pupitre? ¿A los animales como mejor se les estudia es en un visionado de diapositivas? ¡Oh, se me olvidaba! nada como deleitarse en la lectura en el comedor de casa así tieso, tieso. Por supuesto practicar inglés precisa ponerse en situación sólo con la mente ahí reconcentrado y quietecito…

Pues mira por dónde a me vienen recuerdos de aprender cosas de pie, moviéndome, memorizar pasillo arriba, pasillo abajo. Observar figuras geométricas y arquitectura desde otros puntos de vista, pensar mientras conduzco, paseo en bici o friego los platos. En fin, que se me ocurren infinidad de cosas que pueden verse en movimiento, relacionarse con otros conceptos aprendidos en los momentos más insospechados y luego ponerlas en práctica en miles de situaciones. ¡Vaya, si acabo de dar con el ciclo de aprendizaje!

Pero casi nada de lo que me haya sido más útil en la vida aprender lo recuerdo sentada, parada y en esa misma postura… Ya sé que esta sociedad ha escogido comodidad sobre la corrección, ha primado la facilidad y el pobre resultado frente al esfuerzo y el gran logro. Entiendo que lidiar con 20 o 30 niños clasificados por fechas de nacimiento y que vienen de estar encerrados en sus cada día más pequeñas casitas sea tarea en exceso ardua si encima los tengo moviéndose, hablando, interactuando entre ellos, con el ambiente y conmigo. Vamos, ni amordazada me hacía yo maestra. ¿Pensar entonces en cambiar los factores desde hace más de un siglo? ¿Pensar en cambiar ambientes, números de alumnos, elementos decimonónicos? Por favor, encima que ahora al menos tenemos amortizadas las pizarras que nos compró el gobierno autonómico de turno cuando tenía perras…

Que sí, que sí, que educamos en el desarrollo integral del niño, pero que vaya a expresar ese arte en su casa. Que sí, señora, tranquila que educamos en la innovación y acorde con los tiempos que vienen, no se preocupe y siga comprando los mismos libros reciclados cuyo contenido evoluciona inversamente a su PVP, pero que el chavalín experimente en casa. Por supuesto, caballero, aplicamos los diferentes métodos que sabemos personalizados a cada niño, pero que lo aguante… sus abuelitos.

Se supone que viene septiembre, que un nuevo ciclo de aprendizaje amenaza llegar en breve…. pero mucho me temo que seguiremos quietos y tranquilos obligando desde nuestras sillas de adultos a que los niños encomendados para formarlos en un futuro incierto sigan quietos y parados observando un mundo que cambia, evoluciona y se  mueve a gran velocidad. Quizá la solución pase por atrofiar sus cuerpos para anclarlos a la fibra óptica.

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