Abrazar lo que es: aceptar

Cuánto me cuesta todavía, por dios, no lo había experimentado tan intensamente como ahora… Me sé de sobra cabezota y tozuda cuando me propongo hacer colar una montaña por el aro de una aguja, pero me había dejado engañar por mis apariencias. Me pensé ya trabajadita en esto de la aceptación. Y llegó la nueva peste, una nueva forma de gestionar mi mundo y me ha cogido rígida de principio, noqueada de segundo y empezando a aceptar de terceras.

Leo, escucho, hablo, me callo, leo, escucho, escribo, leo, escucho… Estoy en shock, lo sé. Todavía estoy en shock. No tanto como para que me asalten pensamientos tipo: “¿esto es real?” O esas impresiones de que en algún momento me voy a despertar, o más bien, volver a adormecerme. Pero estoy en shock.

Joer, no tengo respuesta. No sé muy bien qué hacer. No he descifrado el mensaje oculto para mí de esta experiencia. He tirado la toalla de llevar el timón, paso. Y me siento bien, atenta a lo que me digo ante las circunstancias, pero confiada en la incertidumbre. Perdón, ¿he dicho yo eso? Sí. Aún en shock y medio agilipollada por la magnitud de lo que enfrento y enfrentamos como sociedad, me siento confiada.

He cursado hace no más de tres años un Máster de esos que te proporcionan doctorado y cátedra… un divorcio. Eso sí que fue ver derrumbarse mi mundo… No me duelen prendas decir, que tras divorciarte de tu propia vida, ya puede venir un nuevo huésped llamado COVID-19, que uno ya está preparado para afrontar lo que venga.

Aunque a mí me lleva su tiempo. Cuando empezaron todas esas noticias de fuera de España, de Madrid y se iba avecinando hacia mi ciudad, lo recibí como algo inevitable e impuesto. Me resistí ante ciertas medidas, decisiones, hábitos… Mi tendencia a confrontar lo de afuera antes de dejarlo penetrar en mi mundo es de sobra conocido en mi entorno. Los más allegados saben que deben dejarme correr hasta que me estampe yo solita.

Ojo que esta misma táctica la aplico con los demás. Yo la llamo respeto. Otros la llaman laissez faire. Se acuña también como no injerencia. Da lo mismo como la denominemos, me has entendido. Pues eso, yo me meto y estoy en mis asuntos. Cuando me entran las superganas de dar lecciones, abro mi precioso y veterano Mac Book Pro y empiezo una nueva hoja de Word: Curso de… Y lo ofrezco a quien le interese en las condiciones y precio que pactemos.

Al menos eso intento con todas mis fuerzas, meterme en mis asuntos. Que me oigan las autoridades: yo no quise nunca ser policía ni estudié para juez pudiendo haberlo hecho voluntariamente. No voy a vigilar a vecinos. No pienso denunciar hechos, más que aquellos que mi conciencia y no un Decreto me dicte. No voy a sentenciar a todos los madrileños, chinos, políticos y demás gentes y culparles de las posibles desgracias, incluida la enfermedad, la agonía o la muerte que me llegue a mí personal, familiar o socialmente.

Yo puedo indicar #yomequedoencasa y eso da ejemplo y no ofende. Es una declaración de amor hacia uno y hacia todos y marca mi pauta y límite en mi comportamiento hacia los demás. Que no es lo mismo que insultar, increpar, señalar, gritar, vociferar o reprochar a otros con rabia #quedateencasa porque no lo hagan. Nunca me ha gustado, ni de niña, que me enseñaran o me obligaran a hacer las cosas con agresividad y saña. Ahora de adulta, simplemente no lo consiento. Tales conductas de ira hacia las personas no es más que la manifestación del odio, del profundo miedo que en el fondo sentimos hacia los demás.

Que no erijan la bandera del amor, la solidaridad, la generosidad y la cooperación de sus acciones por el prójimo al tiempo que en la otra mano ondean la de la desconfianza, la incomprensión, la rabia, la venganza y el público escarnio.

Pongo de mi parte para no caer en mis miedos, mis indignaciones, mis frustraciones y todos los “mis” que en nada tienen que ver con lo acontecido. Lo que hay, lo que sucede, el virus, las naciones, los gobernantes, los recursos, el sistema sanitario, los confinamientos, etc. carecen de emociones, interpretaciones, visiones o pensamientos. Todo lo que yo percibo y siento me pertenece a mí y es fruto de lo que yo experimento frente a esas cosas.

Sigo en shock para poder actuar con sabiduría, pero estoy muy atenta a lo que escucho, contemplo y leo. Estoy en shock porque me fuerzo a no reaccionar, decantándome por la quietud hasta que voy obteniendo respuestas poco a poco para responder con claridad desde mi ser y no desde mi infantil y cobarde ego. El tiempo es propicio para ello. El mundo que estoy percibiendo no es más que la proyección o el espejo de mi mundo interior. Así que si percibo miedo y rabia, es que está en mí. Abrazar mis temores, aceptarlos será el primer paso para salir de mi estado de shock.

PD: Andar a tu lado,
pararte de golpe y en un semáforo
abrazarte.
Con qué gran y profundo poco me conformaría.
Abrazarte...
En mitad de la calle,
a pleno sol,
bajo el ala, tu ala,
que para la lluvia,
en un rojizo atardecer
o en una noche sin techo.
Abrazarte
y sentir tus manos deslizarse para tomarme bien y mejor.
Ummm... respirar tu olor,
morder tu labio y escuchar
tu placentero quejido.
Abrazarte sin miedo
y aceptar la que contigo soy.

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