La vivencia de una speaker en un Pecha Kucha

Reconozco que el nombre tiene bemoles… Pero cuando sabes su  origen, hasta parece bonito. Viene de un término japonés que imita el sonido de una conversación y lo crearon dos arquitectos en Tokio por 2003 como lugar de encuentro para que jóvenes diseñadores pudieran exponer su obra e intercambiar opiniones. Este formato, verdaderamente exigente, consiste en exponer 20 imágenes con una duración máxima de 20 segundos cada una. Se ha extendido por varias ciudades y también acoge temas más diversos que el puro diseño.

Pues bien, de la paz de mi trabajo “yo escojo mi ponencia y yo decido cómo hacerla” me saca María Andés, que colabora con ACREA (Asociación de Creadores Alicantinos) y me invita a participar como speeker en el que se celebró el pasado 8 de marzo en el Foro de la FNAC y se llamó #Pecha Kucha Night Vol 5. ¡Por supuesto! le contesto sin pensarlo más. Total como siempre me apunto a un bombardeo, uno más, no se notará. Eso sí, me vengué a tiempo y le insistí para que ella también se presentara. Ya que me lanzaba en paracaídas, que nos sacáramos la foto juntas ¿no?

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Una vez asumido el compromiso, me ajusté al día tope para decidir tema y mostrar un par de ejemplos de imágenes. ¡Oh, cielos, me ha vuelto a pasar! He dicho que sí pensando en el puro reto y no en los detalles que lo rodean. ¿De dónde voy a sacar yo 20 imágenes? ¿y sobre qué tema? Me cogí mis propios apuntes y encontré la solución: habla sobre algo que domines o que sea una experiencia propia. En vez de blanco y en botella, rubia y con sonrisa: voy a  hablar de mí misma. ¡Ay, qué apuro da estas cosas! ¿Y de qué? Vuelta a los apuntes otra vez: piensa en lo que le podría interesar al público. Obviando temas morbosos, que siempre son de rabiosa actualidad, supuse que hablar de rescatar lo que ya llevamos andado para llegar a otros destinos, podría ayudar a alguien a pasar una tarde de sábado con mejor ánimo.

Venga, Laura, tú puedes con esto, son sólo 6 minutos y medio lo que tienes para sacar a paseo tu ego (hablar de ti misma). ¡¿Que son sólo 6 minutos y medio?!  Cuando he dicho que era un formato exigente no lo he dicho por decir. Es complicado sintetizar un tema en un tiempo tan acotado, os lo aseguro, y más si hay que seguir la pauta de las imágenes. Entonces me planteé, ya que las mismas van saliendo del cañón dirigido por la organización, contar mi rollo obviando el orden, así a modo de fondo de pantalla. Ciertamente pensé que así se desvirtuaba un poco el espíritu del Pecha Kucha y entonces me vi constreñida a someterme a las reglas con todas las consecuencias. No es para nada mi estilo de ponencia, yo apenas pongo imágenes, soy más de teatro que de cine en ese sentido y además me dejo llevar por mi improvisación, con un respaldo de preparación.

Pues aquí todo lo contrario, mentiría si dijera que me lo preparé. Le pasé las fotos a Juanma Gallego (encargado de montar el espectáculo) 4 días antes del evento y por unas causas u otras excusas, me vi dos horas previas a salir mirando las fotos e intentando hilar un discurso. Bendigo el día que se me ocurrió escogerme como tema. Creo que fueron esos nervios los que me hicieron pensar cuando llegué al sitio, que el tiempo pasaría deprisa y que saliendo al paso, lo soportaría bien. Para amenizar la espera y templar las emociones, a mi compañera María que iba delante de mí en el programa, le da por seguir antiguos consejos y mientras degusta un gin tónic nos entra la risa y… ¡Qué narices! He venido a disfrutar esto ¿cómo que a soportar? Allí estaba concentrándose gente curiosa, gente expectante, animadores, familiares, colegas de profesión ¿y yo voy a ofrecerles mi resignación? No se lo merecen, es la primera regla que siempre pongo por delante antes de salir a hablar: ganarse la legitimación del público para hacerles invertir su tiempo en escucharte.

Esos minutos previos fueron cruciales para decidir mi estrategia. No era un gran tema en verdad, casi nunca es el tema, es la manera e implicación de quien lo cuenta lo que logra transmitir la idea. Ese debe ser el objetivo de todo speeker, conectar con el público para transmitir su idea, su emoción, su pensamiento, su producto, su visión de las cosas, etc. Así que cuando me tocó el turno ya tenía en mente mi proposición inicial y “por arte de magia” no me encontraba soportando el acto, me encontraba disfrutando con ello; mi salida ante el escenario volvía a cobrar sentido. Y ello pese a las dificultades que este formato planteaba.

La primera dificultad es su tiempo, es tan corto que apenas puedes crear esa conexión inicial con el público que permite luego jugar con ellos. La segunda es la distracción constante que sufre el espectador al salir una tras otra las imágenes, ya que resulta difícil al speeker captar la atención de un público impactado por la pantalla. La tercera es la ausencia de ritmo, pues si bien son cada 20 segundos, no guarda relación exacta con el mensaje  y se convierte en monótona su cadencia, cuando a lo mejor le vendría bien, por ejemplo, un tipo apoteosis traca, que digo yo. La cuarta dificultad es el sitio que suele escogerse para este evento que persigue compaginar el networking, pues difumina el sonido y se producen múltiples interrupciones y ruidos ambientales. Y la cuarta… no sé, ya se me pasó porque se mostraba mi última foto y con lástima por parar la diversión en mitad del tobogán, dejé el micrófono en la mesa, como símbolo de relevo para el siguiente.

Eso de que sólo el cielo la juzgue ¿no vale hoy para mí? De acuerdo, gracias, ahora sí puedo dejarte más tranquila el video…

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