Tu tiempo

No me des el tiempo que te sobra, gracias. Dedícaselo a otras cosas. No quiero ese tiempo que después de hacer todo lo demás… te queda para mí. No, yo no quiero ese tiempo, no te lo acepto.

Yo quiero el tiempo que no tienes, ese que me dedicarías robándoselo al mismísimo Universo. Ese, ese tiempo que te sabe a poco y te llena tanto.

Porque esos ratos que se te han quedado vacíos, yo… esos no los quiero. Colmar, ampliar, enriquecer y no saciar es lo que me pertenece provocar en tu naturaleza. Adornar o endulzar el puntual café lo puede desempeñar cualquiera.

Yo quiero ese tiempo que combina a la perfección con el mío. Llámalo extravagancia, pero para mí hay un tiempo perfecto y es el unísono.

Yo quiero ese instante que piensas en mí y que para que no se pierda, lo lanzas al aire y yo así lo siento y lo prendo en el fondo de mi ser.

No quiero esos momentos que guardas para mejor ocasión porque ahora que yo me presento… ahora no lo parece.

No me digas que me has buscado un hueco en tu agenda, hazme saber que hemos de justificar ante nuestro dios que no solo nos consagramos a nosotros, para que así se apiade y nos de más vidas para malgastarlas juntos.

Cierra los ojos y siente la ausencia de medida en horas, minutos o segundos que abarca esta cercanía que aleja a lo demás.

No me hagas esperar a que toda tu importancia desfile ante mí, la urgencia de nosotros debería eliminarla de un plumazo.

Muéstrate idiota y coaccionado por tus estúpidas imposiciones miles de veces antes que aparecer como un tipo listo que decide posponernos.

Te quiero escaso y entregado. Te quiero clamando por un grano de arena ante la montaña de los “deberías” y “tendrías que”. Si estás lleno de momentos y no te salen de las ganas, regálalos, quémalos en la hoguera de tus vanidades, pero no me los muestres, no los voy a tomar.

Quiero ese loco tiempo que no tocas, no hueles, no ves y se esfuma; pero todo, entero, completo, inabarcable y en ese ahí, me lo entregas. Yo lo recojo a la vez que se me escapa en ese gesto la mismísima esencia del mío.

Da igual que no se repita, que no aparezca y la memoria quiera borrar, ese tiempo para mí ya no te pertenece, ese poco de ti ahora conforma mi propia materia viva y al fin así siento, que nos fundimos en uno.

El tiempo no se mide en una línea, ni en un estado, ni se refleja en un álbum. Tu tiempo es nuestro mismo latir.

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. Me gustó. A cambio te comparto el siguiente escrito de un autor desconocido, o no, que al estilo esproncedico reclamaba atenciones en su juventud.
    Saludos cordiales

    “Quiero esos momentos
    En los que nace tu lamento,
    En los que tu cabello,
    Se mece, suave, al viento.

    Quiero ese tiempo
    En el que tu alma
    Llora de alegría,
    Ríe de tormento.

    Quiero aquellos instantes
    En los que nada importaba,
    El tiempo solo pasaba,…
    Pasaba….
    Aquellos, si, los de antes.

    Los de antes de madurar,
    Los de antes de sentirte adulto,
    Los de antes, si,
    Aquellos llenos de risas,
    Llenos de juguetonas miradas,
    Aquellos que a manos llenas me dabas.

    Quiero ese tiempo
    En el que una caricia suave,
    Un suspiro,
    Un aliento,
    Una cabeza en mi hombro
    Más que nada importaba”

    (Apm)

  2. Laura Segovia

    Y a mí tu aportación. Muchas gracias por tan bello poema.

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