Te mereces un buen champú

Ahora todos los slogan, las descripciones de productos, los recordatorios de citas médicas y los ingredientes de latas de comida se han contagiado del cursilismo pseudopositivo tipo “la vida es guay y tú el más de todos”. ¿Pues no me encuentro en mi champú con toda una declaración de esas gilipolleces? “Porque creemos que toda mujer se merece un cabello que luzca como recién salido de la peluquería”.

Luego me dio remordimientos de conciencia ecológica porque me quedé boba leyendo esas letras mientras corría el agua de la ducha. Es que no daba crédito… Un simple champú, no de esos de pelos teñidos, postizos de lisos o rizados, con mechas o todos ésos asignados a féminas, no. Ni siquiera el envase es rosa, lila, ni tiene mariposas, corazoncitos o florecillas del campo, no.

Es un simple champú no específico y en color verde. Se ve que hay estudios de mercado que ya han detectado que los hombres que pierden su alta dignidad desbaratan su presupuesto cosmético en productos de envases negros, granates, azules o blancos y los que la lucirán hasta el último aliento, gastan el que se encuentran en las lejas del baño si no han sido previamente aleccionados que eso no es para ellos.

Pero este champú en su asignación de propósitos y fines dispara a diana palabras mágicas que se ve que el nuevo encargado del departamento de marketing estudió en un curso que incluía en su temario la asignatura de lenguaje de impacto: creer, merecer, mujer + misión empresarial. Ale, campeón, te has ganado el sueldo de por vida, ya puedes morir profesionalmente que tu gloria será recordada por todas y cada una de las mujeres que subieron su estima al pensarse merecedoras de tal mérito.

Este genio en verdad debería ser contratado por la dirección de un sector económico con monopolio encubierto, por la editorial de un gran medio de prensa, por el gabinete de presidencia o por el futuro candidato a líder mundial y que le dejen explayarse a gusto: Creemos que toda mujer es merecedora de todos los derechos humanos universales, empezando y a modo de simple ejemplo por la integridad corporal, la libertad de vestimenta, el mantenimiento de su honor pese a dar su opinión y más nimiedades, sin olvidar, por supuesto, su cabello.

Supongo que por algo hay que empezar y este champú es un claro ejemplo de granito de arena. Aunque bien analizado es una gran estupidez sin sentido. Y si una mujer es una dejada de cojones ¿también se merece salir con pelazo como la que se lo curra como si le fuera la vida en ello? Además, particularmente ni siquiera me viene bien este inesperado regalo, pues a mí el pelo recién salido de la peluquería no me gusta, queda siempre la impronta del que peina y elimina esas imperfecciones y malos usos que hace que quede tu único sello personal en algo tan esencialmente tuyo como es esa extensión de queratina y más elementos que salen de tu singular y exclusiva fábrica de producción humana.

En fin, igual me merezco estas comeduras de tarro por ser de las pobres incautas que leen los reveses de las botellas y les otorga cierta credibilidad. O igual me merezco por decreto este privilegio no escogido de lucir mis ondas con garbo porque ya sabe este lumbreras que el resto de méritos, o no los alcanzaré aunque los luche, o no los voy a perseguir y entonces no los mereceré. Mujer, acógete a esto como clavo ardiendo, parece decirme este singular mensaje.

Salvadas estamos. Tranquila me quedo. Agradecida a la conjura de las divinidades por este pedazo de mérito otorgado sin tener que pedirlo. Ahora mismo voy a estamparme en la espalda de mis camisetas de running “Te mereces un buen champú”,  para que todos con los que me cruce se vengan arriba.

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. Un tipo calvo y con gafas

    Lo que está escrito en los envases es literatura. Leerlo te convierte, como es natural, en una mujer magnificente y esplendorosa, digna de todo elogio y admiración. Es el efecto de las palabras mágicas. De los sortilegios.

  2. Laura Segovia

    Me ha encantado recibir esas palabras mágicas a mi innata curiosidad y a mi vicio de compartir mis comeduras de tarro. Ahora sí veo que tales sortilegios y memeces ensancha a quien las recibe. Se ve que no acertó el del champú en su objetivo porque no me interesaba su fin, pero estos elogios… Je, je, gracias por comentar.

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