Soñar no es gratis

Quizá es que le cambié el significado al coste. Soñar no es gratis. A mí últimamente me han pasado un facturón por ello… Mas, mientras tenga cash emocional seguiré pagando gustosa varias y elevadas cantidades. Supongo que eso dependerá de hasta donde me alcance la riqueza.

Idear, recrear, construir mentalmente no es gratis. Ocupa un lugar importante en tu enfoque diario. Aquello que de la nada, de un leve apunte comienzas a decorar, a escoger, a recolocar, a posicionar… Todo eso que embelleces, tiene un coste. Aunque sea temporal y espacial. Mientras sueñas con eso, decides no soñar con otra cosa. En ese momento y en todos esos momentos.

Allá donde tu ojo mira, se dirige tu pie. Lo que pasa es que cuando soñamos aparece el ojo del corazón, aquel que se abre en el plano no real, en el estado de quietud, en la no injerencia. El corazón se comunica de manera diferente al resto. Es capaz de percibir sin presencia. Es capaz de hablar sin decirlo. Llora sin ser visto. Se alegra sin motivo. Se cura sin intervención. Se acelera a tu paso. Se calla para enseñarte la lección.

Y aunque parezca que el pie no le sigue, todo el cuerpo le guarda respeto. Cuando el corazón nos habla soñando, el resto de órganos le cumple con reverencia. Menos el cerebro. Se cree que está por encima porque su sitio es arriba. No sabe todavía que es un fiel súbdito. Soberbio, engreído, altivo, pero esclavo. Sordo, ciego, inválido y creído. Inventa razones para justificar corazonadas. Argumenta con lógica para luego asombrarse de su contrario actuar.

Nadamos contracorriente. Soñar no es gratis. Anhelamos lo que ahora no hay. Pesamos lo que antes hubo. Recordamos risas que no son. Nos acompañan fantasmas de aire. Creamos colores del negro en este instante… Pensamos que es mejor vivir, sin comprender que tan solo recreamos lo que vio el corazón, lo que soñó y a la postre ordenó.

Y si a su quehacer añadimos nuestro extra… Soñar no es gratis. Dibujas caminos que no andarás. Besas vacíos a los que nunca les llegará. Comes placeres que no construirás. Engrandeces monstruos que no atacan. Meces ternuras con brazos ocupados en saludar. Y cuando despiertas… Soñar no es gratis. El corazón lo sabe, y te acompaña en ese palpitar. El corazón te quiere aunque te deje asolado e ignorante de cómo manejarte. Eso te pasa por no escuchar…

Al final descubres que no puedes dejar de soñar y que sino, el corazón lo hace por ti. Soñar no es gratis. Pagamos fortunas por aprender a ser. Lo hacemos gustosos o apretamos el puño y los dientes. Soñar no es gratis. El corazón lo sabe, y te deja soñar.

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