Si quieres pasión, hazte un apasionado

Eso de la plena responsabilidad en tu vida, al final resulta tan cansado, tan esforzado y tan solitario, que la tentación de dejarlo en manos de la providencia o de los viandantes está siempre al acecho.

El caso es que un día “a falta de”, terminé por inventarlo y ¡voilà! resulta que en la vida tienes lo que creas.

Fue en una clase de Luis Galindo donde me impactó por primera vez algo que había escuchado cientos de veces: si quieres tener algo en tu vida, lo tienes que hacer tú. El caso es que ahí quedó esa frase resonando en mi mente, pero sin concretar.

Bastante tiempo después, en una conferencia de Isra García, de un tema y contexto totalmente diferente donde nos contaba que él se fabricó un programa de conferencias donde, además de dar cabida a los demás, se cumplía su deseo, volví a escuchar ese mensaje. ¿Quieres dar conferencias y no te contratan? pues contrátate tú.

Y esas cosas que me pasan a mí, uní las dos frases y lo vi claro: quiero tener pasión en mi vida, me voy a hacer una apasionada.

Lo cierto es que ya venía haciendo esto de la proactividad antes sin darme cuenta y me resultaba tan sencillo ponerlo en práctica… Cuando he querido hablar con alguien, no espero que me llame. Si quiero quedar una tarde con una amiga, no pienso si me toca a mí, si me llama ella, si siempre soy yo… Es que me da igual, me digo: Laura ¿tú lo quieres? pues hazlo, hazlo por ti. O te haces millares de amigas anuales para tener muchas de reemplazo, o en el catálogo de Navidad del Corte Inglés te pides a esa perfecta amiga que te da lo que tú quieres, o mientras disfrutas de las amigas que tienes y las llamas cuando las quieres.

¿Se me nota que me he aburrido mucho esperando?

Pues resulta que esto es aplicable a más aspectos. ¿Quiero pasión en mi relación? pues la creo para mí. Oye, que por otro lado estaría genial tener un lector de mentes tipo hombre con implante de chip que viniera programado para vivir por y para mis estados anímicos. Vamos, tan genial que por poco estudio robótica sólo por eso, pero las mates se me atragantaron en favor de otras habilidades.

Entendí hace mucho tiempo que no puedo dejar en manos de los demás la manera en la que yo quiero vivir las cosas. Te convierte en una marioneta depender de los demás. ¿Y si te lo quitan? Uy, qué estrés. Por otro lado, eso de esperar… Por una vez, mi impaciencia me viene de perlas.

Cuando haces que la manera de vivir las cosas dependa de ti, ya nada ni nadie puede arrebatártelo. Es fantástico, no tienes que salir a comprar nada ni gastarte dinero, te pertenece a ti. No tienes que hacer dramas porque alguien desaparezca de tu vida, no se llevó detrás de sí a tu estado anímico. Te puedes desprender así de un poquito de miedo mientras estás con alguien. ¿Y si me deja? Seguirá habiendo pasión en tu pida porque eres un apasionado y la creas tú.

Las personas, las circunstancias, las variables, el trabajo y los posos del café van y vienen, pero sólo tú tienes tu pasión dentro. Si no la colocas en cosas materiales, en la climatología, en los resultados de las quinielas, en el número x de tu cuenta de banca on line, ni se la entregas a otras personas para que libremente la pisen, la pierdan o te la dosifiquen con cuentagotas, es un recurso que no se agota. Es más, cuanto más la usas, de más dispones y de mejor calidad la fabricas.

Algunos objetan que entonces no sale tan espontáneo… Mira, espontáneo, espontáneo salen los gases corporales, los estados anímicos hay que aprender a cómo producirlos, que no es lo mismo que fingirlos. Todo tiene su método, cada uno el suyo, pero existen unos factores que producen ciertos resultados. Pista 1: El factor principal y que nunca falla es empezar por conocer a la máquina. Pista 2: Ojo con lo que pides y creas que te será dado y devuelto pero igual no en la forma que imaginaste.

Así que ahora, si quiero  pasión en mi vida, la creo yo. Esa es la razón por la que, más de ocho mil días juntos transcurridos, todavía me cruzo contigo en el pasillo de casa y en nuestro singular “estrecho de Bering” las manos, los ojos, el cuerpo y la boca se me van detrás de ti. Porque así lo decidí.

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