No voy sola a nuestro encuentro

Todo un destacamento de fuerzas contrapuestas, de legítimos consejos, de hondas preocupaciones, de valientes miedos, de obvias intuiciones, todo ese destacamento me acompaña.

Sé que me acechas y que de un zarpazo desaparecería. Pero no puedes abatir aquello que cae solo. Y solo se repone.

Pálida, ligera, transparente, sonriente, casi efímera, casi destruible. Casi.

En los tiempos muertos afilo con cuidado y ritmo mi amor propio para luego clavarte algo y que sangres… Roja savia que alimenta a la vida. Lágrimas dulces que derriten rocas. Fuego que moja y apaga fríos. Sólo hiriendo se resquebraja la costra seca, se renueva lo que debió ser.

Tus deseos se quedan prisioneros en un corsé rígido que da estructura a un impecable atuendo. Si te permitieras dejar salir, engullirías toda la luz que se te pusiera por delante. La devorarías sin saborear y apenas apreciar. Siempre me pareció más débil quien toma lo que otro produce, no es más fuerte el que arrebata sin permiso y logra la pieza. En la necesidad está la trampa.

Bien pertrechada de inútiles antídotos me presento al combate. ¡Insensata! me grita la prudencia. Desoír consignas es mi habitual escudera. Y sin embargo, en mitad de la contienda, en plena confusión, me acordé que no era veneno… No me puedes matar con veneno porque hace tiempo que no lo bebo.

Y tú más tapas, y yo más veo el sol. Y más voy, y más te vas. Pero allí acudimos, a reunión incierta que va encadenando trocitos y liberando espacios.

Y aunque a veces acuda sola, siempre me estoy conmigo. Es cuando tu sombra emerge. Se sienta enfrente comiendo pipas pacientemente a que se acabe mi día, mi argumento. Y llegue la noche. Y allí sigo, al abrigo del viento que grita tu nombre.

Me emplazas en lugares donde para llegar hay umbrales que es mejor no traspasar. No sólo me lo contaron, también se ir por la puerta de atrás. Acudo con mi persona, pero no voy sola. Las visiones no dañan, las intenciones no arrebatan, tan sólo nuestros pasos se adentran a la quimera de los peligros.

No hay enemigo, eres tú quien te invocas. No estoy sola, ni vine sola. Todas mis dudas y determinaciones se ofrecieron para acompañarme y presentar batalla.

Mitigo el miedo, el bloqueo y la intuición bajo signos comunes de pertenencia a la materia. Enternecedores esfuerzos que no logran camuflar que ya fue desvelado el final. En tan solo un relámpago se dio… la dolorosa verdad. No consigo abrazarme a ella, la portaré de estandarte que guía, pero no lucha. Te señala, te empuja para que vayas delante, mas ella no aguarda.

¡No saldrás intacta! Bendita premonición… No hay arma más poderosa. Si te doy amor, no acudo sola.

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. Todo esto es muy misterioso. Un encuentro, más allá de umbrales inexpresables, al encuentro de quién sabe qué primigenios arquetipos. ¡Lovecraft nos guíe!

  2. Laura Segovia

    Qué bien expresado Salva!!! Que Lovecraft nos guíe… y nos proteja 😉

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