Mi orgullo

Se supone que tenemos que estar orgullosos de ser. Yo esto no lo comprendo del todo. Lo confieso, para mí estar orgullosa de algo mío o de mí, ha de ser fruto de mi voluntad y acción. ¿Orgullosa de ser mujer? Ni siquiera lo elegí. Y aunque así fuera… Mi cromosoma X sería el que se pusiera la medalla. ¿O serían mis ovarios? ¿Mi arrugadito y rosado cerebro?

Así que cada uno malinterprete lo que voy a decir a continuación. Sírvase a gusto del descalificativo que escoja para la ocasión. Si de algo estoy orgullosa es de lo poco que me importa la opinión de determinadas mentes. Que conste que me lo trabajo todos los días para que así sea.

No me siento orgullosa de ser mujer. Tampoco de haber nacido en Alicante. Me trae al pairo haber ido a un colegio específico que eligieron mis padres donde había otros niños que también se sacaban mocos. No me hace sentir dichosa ni especial que una de mis amigas tenga como profesión Senadora, o que otra tenga un barco más grande que todas las casas juntas en las que he habitado y cuando surca el mar su nombre se vea salpicado por las olas.

Voy por el mundo viviendo dentro de mi piel de humana sin esfuerzo alguno. A mi hija, que me escucha la pobre todas las tontadas que se me ocurren, a fuerza de repetirle que de su físico lo único que ha de estar es agradecida por funcionar y satisfecha por colocar una sonrisa en él, camina por la vida más ocupada en embellecerse por dentro que en dar lustre a lo obvio.

Sí que me quito el sombrero cuando una mujer ante las trabas visibles e invisibles de la sociedad, se sale con la suya, tal como un conciudadano hombre pudo hacer antes. Ni más, ni menos. Me regocija que ante adversidades físicas propias del sexo mujer, una congénere nos de ejemplo de superación a las demás que compartimos mismas características mamíferas. Me admira ver a féminas que contra cultura y natura se atreven a contravenir normas grupales cuando estas las hacen infelices.

Y sí, en esos momentos me siento vinculada de alguna forma con ellas. Y también y en el mismo grado con los logros de hombres en pos de la igualdad, la tolerancia, la paz, el respeto. Pero sentirme orgullosa de pertenecer a un grupo o categoría, sería como sentirme orgullosa de ser un ser humano. Sería un acto tan altivo y soberbio como mirar a mi alrededor al resto de seres vivos e inertes, plantas, cielo, pájaros, montañas… como si yo fuera diferente, imprescindible, mejor, superior… Cuando fui consciente de que la Tierra y todo lo que en ella se contiene viviría igual o de mejor modo que si nosotros no existiéramos… Pero no a la inversa…

Incluso mis logros profesionales, mis destrezas maternales o mi desarrollo personal, me distrae, me mantiene entretenida. Me informa del proceso, me permite disfrutar a ratitos y ayudar en mi pequeño entorno. Pero sentirme orgullosa, lo que se dice sentirme orgullosa… solo de mi actos de amor. Ni siquiera de mi capacidad de amar, porque muchas veces se queda en intención. No vale. Tampoco de lo mucho que amo. No le encuentro yo la medida a las cosas, soy más de cualidad que de cantidad.

Supongo que alguna vez se pondrá de moda: el día de los orgullosos de amar. Con esto, sobrarían las reivindicaciones parciales, tendríamos el todo. Lo demás, banderitas de colores que distraen los días. Discursitos que encienden las redes. Ombliguitos que tienen su ratito de protagonismo y gloria. Días en un calendario.

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. RunningCharlotte

    Gracias desde Cali , Colombia.

  2. Laura Segovia

    🙂

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