Las VUCAS y los BOCAS

Desde el INRI y el Pepe, nos ufanamos mucho en renombrar con siglas aquello que vamos a repetir como autómatas. Pues nada, eso, que vivimos en tiempos VUCA. Deviene del inglés, pero no pasa nada, por si eres uno de los pocos no contaminado por esto, te lo simplifico: que la vida se complica y va a mucha velocidad. ¿Te suena? Pues eso…

Queda muy in, no digas que no. En alguna ocasión que he asistido a ponencias de señores que pregonan este término, pese a que visten de traje de chaqueta gris con corbata entonada en azules, les impregna el discurso en un aire así de modernidad, que los incorpora ipso facto al pódium de los hacedores de tendencias.

La guinda la ponen aquellos que además hablan de la tecnología y de los procesos tecnológicos como si esto aconteciera exclusivamente en estos tiempos de… de tiempos VUCA.

A ver, señores, recuperen sus diccionarios y enciclopedias de papel, que parece que la letra con tinta entra. La humanidad no ha hecho más que usar la tecnología desde que nuestro dedo pulgar nos servía para algo más que para escarbar en el suelo. Se podría decir que después de la rueda, la electricidad, los condones y WhatsApp, lo demás… pelillos a la mar.

Ahora que vivimos en plena era tecnológica y en tiempos VUCA…” el próximo que me cuente esta milonga, merece que le regalen todo un tratado de Antropología, Sociología, Historia y el Manual “Deje de repetir todas las cosas que lea en esa tecnología que ya experimenta usted en sus propias carnes de qué poco contribuye al pensamiento crítico que toda una manada de humanos sin ordenadores se esforzó en hacerle llegar como legado y que usted ahora ignora porque está demasiado acomplejado por no conseguir sus objetivos no certeros improvisados a toda velocidad (#vuca)”.

Cuando empezamos a ver el mundo así, es que no somos de este mundo. No conozco a un joven que diga que ahora vivimos tiempos trepidantes. Si no cesamos de comparar y lamentar respecto de un pasado, es que seguimos viviendo en un pasado. Y el pasado, pasado está.

Está bien analizar y contextualizar lo que acontece a nuestro alrededor, pero cuidado que enseguida huele a naftalina si ese análisis conlleva sorpresa, desconcierto, nostalgia o reproche. Lo digo más que nada, por aquellos que quieren seguir aparentando que tienen las claves para manejar el presente que forjará ese futuro… y como ellos mismos dicen llenándoseles la boca: ni se sabe, de lo raudo que va.

La anécdota de a qué tontadas nos lleva por ejemplo, la Vertiginosa Urgente Compra-entrega de Amazon, es que me crucé el pasado día a una amiga que iba literalmente corriendo por la calle:

—Ay, qué estrés llevo encima —me decía con la voz entrecortada— siempre que compro por Amazon Premium me toca salir pitando a casa porque me lo traen tan enseguida, que no llego.

—Sí, es lo que tiene la inmediatez cuando se junta con la memez.

Para los otros que ya saben que a veces les despeina los 29’8 Km por segundo que gira la Tierra alrededor del Sol, les deseo que llenen de más contenido y menos siglas los discursos que circulan en el mundo, en virtud de la tecnología de la que, a día de hoy, disponemos.

 

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