La tragedia de los seres evolucionados

No sé si eres, o eres y ejerces, o los has sufritado (sufrido y disfrutado) en silencio… Hablo de los seres evolucionados.

Conocerlos enriquece el caldo de nuestra vida. ¿Cómo negarlo? Aportan nivelazo de aprendizaje propio y humano. Incrementa el caché de tu agenda y siempre terminas después de estar con estos seres, siendo mejor persona y puliendo tu ego.

Y es que son capaces de poner la tierra que pisan tus pies, tan por encima de tu cabeza, que las ínfulas quedan enterradas bajo kilos de arena de humildad. También te puede dar por coger un ataque de compeljines que luego en frío, te los meriendas con cuchillo y tenedor, que al fin y al cabo, también alimentan.

Pero claro, si eres del bando de serlo… yo también lo siento… Lo siento porque ya sé que los seres que no somos tan evolucionados damos tanto perezón… Y también que el mundo os resulta más aburrido entre nosotros. Tan predecible e inmaduro… Yo también lo siento.

Esto es como las superdotaciones. Un fastidio cruel que los dioses otorgan a unos pocos y de uno en uno, para recodarnos constantemente que ellos los poseen todos y que como también se aburren, pues los reparten con cuentagotas entre los mortales, a modo de obra de teatro de la saga X-Men, mas con actores reales de carne y hueso y así ahorran presupuesto en efectos especiales.

¿No te dan cierta lástima? ¡Pobres! Condenados a convivir entre nosotros, ganándose la vida como salvadores o ayudadores tan desinteresados que apartan de sí su todavía mayor evolución. ¿No ves el sacrificio que hacen dejando de ordenar su costurero por ir a buscarte la aguja que se te perdió?

Bueno, la otra opción es relacionarse todo el tiempo con seres a su nivel. Pero no, no lo hacen. Sospecho que como tienden entre ellos a descartar lo bajo y superficial como son las pasiones, el sexo, los actos inesperados y las dudas, terminan buscándonos para esas cosillas tan mundanas. Reflexionar, avanzar, elucubrar y visionar el cosmos lo hacen entre ellos con sus fantásticos métodos por ellos cien mil veces contrastados, pero para todo lo demás… no sacan la MasterCard, les basta con rozarse un rato con nosotros y listos.

Tengo la suerte de codearme con algunos de ellos. No todos actúan a cara descubierta, los hay que ni los sospechas, aunque en algún momento, su aura sobresale por encima de sus capuchas. No se puede evitar.

Y sí, son más evolucionados, algunos más morenos, a otros les huelen más los pies, hubo quienes perdieron la espontaneidad en alguna meditación y unos pocos se olvidaron de las reglas físicas que rigen en los Continentes terrestres, como es la fuerza de la gravedad y los ves arriba, arriba, cerca de donde estuvo el Apolo XIII.

¡Pobres! no les queda otra que encontrarle gusto a estar entre nosotros, los torpes, los simples, los limitados, los errados, los ciegos, los menos evolucionados, los humanos…

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