La maldición del blogguer

Hasta me lo han llegado a preguntar: “Después de este post, dudo que vuelvas a escribir otro mejor ¿qué vas a hacer?” Me recorrió así como un alivio por la espalda que casi me caigo para atrás… Nunca pensé que agradeciera a la Academia de los Despropósitos que no me concedieran jamás El Premio. ¿Tú sabes? Te condecoran con la medalla de la presión y ante juicio. Casi que prefiero seguir tomando como invitado los canapés revenidos de ese tipo de fiestas que ser el anfitrión que las sirve.

Yo le contesté que igual me salía otro igual o mejor, pero que no hacerlo tampoco me preocupaba… en exceso. Ya pasé por eso cuando gané ese pleito, redacté ese contrato, cerré esa negociación, dí esa conferencia, escribí esa novela o conquisté a esa persona… He tenido momentos de esos que te salen bien, que te sientes en la cresta y miras con vértigo la bajada. Pero como el vaivén del mar, es necesario ese sube y baja. ¿Y si no llega esa ola jamás? Si te gusta el mar, disfrutarás esperándola.

Lo cierto es que mi puñetero optimismo casi nunca me deja sin esperanza para confiar en que las cosas llegarán. ¿Has pensado que igual no…? Pues la verdad es que no mucho. Puestos a tener que imaginar que puede salir bien o mal, escojo fantasear con lo bueno. Además, seamos realistas, la mayoría especial más un cuarto de los españoles (y catalanes) ni se han percatado de que mi post fuera mejor que otro, es más, seguramente no se darán cuenta jamás en su vida como consumidores de post, artículos, columnas o chascarrillos.

Aún así, cada vez que escribo algo… Supongo que todo escritor hemos pasado por esto alguna vez. Te sale, porque siempre hay una obra estrellada, y entonces te asalta la duda de si te volverá a salir. Pues igual sí, igual no. ¿Tienes que ser siempre mejor? ¿Qué es mejor? Pero a mí lo que más me puede atormentar (si es que quiero atormentarme, ya que en Alicante llueve poco) es que eso sea todo lo más que yo pueda ofrecer.

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No es tanto el pensar que no me salga mejor, como que eso sea lo bueno. Seguramente sea porque mis obras (novelas, post o mensajes en una botella que lanzo) no son obras cumbres. ¿Te imaginas ese sistema montañoso? Deberá entonces conjurarse otra vez ese maldito optimismo que me hace ver que claro que será cumbre alta y cerca del sol, pero sin nieve, por favor. Y seguro que me llega justo el día que descubren la fórmula de la inmortalidad y así me quedaré por siempre. ¿Ves? ya que fantaseo…

Admiro muchos artículos y admiro a muchas personas. Algunas veces van juntos y de la mano y otras van por separado y en direcciones opuestas. Hay reflexiones contenidas en un artículo tímidamente firmado por alguien que seguramente fue reemplazado en tiempos de un ERE, que me han cambiado la vida. Y he devorado con ansia líneas nuevas de consagrados para ver si venía, venía… y no vino. Claro, que para eso me queda releer lo bueno que ya escribieron y debería bastar. Los mayores inventos, los más hermosos monumentos son únicos y nadie persigue que mejoren la Alhambra, el Quijote o La Gioconda. Con tan sólo rozarlos una vez… ¿No es mérito suficiente?

Así que empiezo a entrever que quizá el foco no esté en quien escribe, está en quien lo lee. Soy de esas tercas que se cree sus propias tontadas y yo no entiendo la comunicación sin esa relación de dos. No hay obra sin espectador, no hay oportunidad sin momento concedido por el otro. El viento se llevó palabras, el agua engulló poemas vertidos y la red apagó destellos de genial conexión.

La magia de un post reside en la interpretación del lector y la maldición del blogger en creer que la magia reside en él.

Comentarios

Comentario

2 comments

  1. La maldición del blogger es creer que la herramienta le da el valor.

  2. Es tan solo el medio… no lo había visto así… Gracias!!

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