El mata pasiones

Solemos encontrar en nuestras virtudes nuestros defectos. Los que nos dedicamos al desarrollo personal, ya sea vía formación o vía proceso, conociendo los éxitos de alguien podemos hasta atrevernos a vaticinar cuáles van a ser sus fracasos, y es que ambos acontecimientos nacen en la misma causa. Y si lo prefieres, te lo dice el refranero español y no una servidora: El exceso de virtud es defecto. Aunque a mí me gusta más la cita de Fiedrich Hebbel “Nuestras virtudes son, a menudo, hijas bastardas de nuestros vicios”.

Esto es como las gracias que suelta un niño, a la primera queda de bien… a la quinta… Pues cuando encontramos una virtud, de tan pocas que a veces nos reconocemos, nos centramos en ella y la explotamos y perfeccionamos hasta que… hasta que la estropeamos.

Y es que uno se liga a la constancia y termina emparentándose con la repetición.

Así que llega el día en que te subes a un avión y lo primero que escuchas es esto: Estoy hasta los cojones de contar siempre lo mismo y aunque lo diga en polaco, suajili o chiquitistaní me has entendido perfectamente y sin necesidad de traducción a tu lengua”.

No sé si es una instrucción que les dan en el máster o contrataron a la primera muchacha y la consiguieron clonar a perpetuidad, pero no queda resquicio a duda, hable en el idioma que hable, y pertenezca a compañía asiática o británica: la repetición mata la pasión.

Consiguen un doble objetivo, uno es que te tranquilices ipso facto, pues cualquier ser humano que hable con tal ausencia de estímulo, sea del tema que sea, es que su nivel de alerta bajó hasta el sótano y si ella que se sube contigo y se conoce el percal está así, nosotros bien podemos descansar a gusto o pedir las pastillas que la han puesto en ese estado. El otro es que no le intenten pisar el puesto de trabajo más que sus réplicas clonadas instruidas en el mismo máster, alimentando más el mito de que se despendolan mucho al bajar del avión porque el trabajo en sí deja mucho qué desear acerca de su carácter variado y aventurero…

Todos los controles, todos los métodos y todos los protocolos actuales que encierra la aeronáutica supongo que han conseguido que la seguridad en vuelo sea muy alta. A cambio sus errores devienen precisamente de esa falta de alerta personal que hace que presupongamos las cosas y las miremos sin ver. La pasión en lo que hacemos no es un concepto sólo relacionado con lo que nos gusta hacer y lo que se nos da bien, también se relaciona con los retos que vamos añadiendo y… no hay reto sin novedad, sin innovación, sin aprendizaje, sin salida de zona de confort, sin riesgo. (Bueno, esto que no se lo apliquen a los tornillos los de Iberia, Ryanair & cía aérea o me veo navegando por mares y ríos el resto de mis terrestres días).

De ahí que sus mensajes contengan la mayor información con el menor número de palabras, que escojan las que carecen de ambigüedades y se repita hasta la saciedad para interiorizar el mensaje y como dijo una amiga que no cito para que no le cojan manía, para no pensar. Porque si encima se excusan diciendo que sí que son conscientes cuando transmiten tal mensaje, será en una pronta despedida, pero no en dar la bienvenida acerca de quien aprieta los botones, agradecer que tu booking les pusiera como la tarifa más barata, la que te espera cuando bajes del infernal aparato con el pedazo de chaqueta de plumón que te has puesto y ya el colmo sobreentender que les has prestado atención… Hasta mi hija cuando voló por primera vez y estando más que pendiente a todo lo que pasaba me preguntó qué habían dicho y qué le pasaba “a la pobre ésa”. Cambié lo de estar hasta los cojones por estar harta, pero el caso es el mismo.

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Eso de que la repetición nos haga expertos… y también cansinos. Hay quien todavía cree en lo de las 10.000 horas, por no decir 8.753 que parece un precio de rebajas. Se supone que debo de ser toda una perito cualificada en emparejar calcetines y no termino de, igual es que me pasé de las 10.000 y no hay editado manual que lo aclare. Que no digo yo que la práctica y la repetición no sirva para asentar las cosas, válgame dios que no digo eso, pero sí que no garantiza que las hagas con la calidad que hace que cuando digas un mensaje de voz en un avión se corresponda con el estado anímico de su literalidad.

De lejos se aprecia quien pone pasión y alma al asunto y quizá, en actividades relacionadas con las personas, sea lo único con lo que nos quedemos. Y ciertamente, no se me ocurre actividad alguna que tras su repetición no desgaste la pasión… y ahí abro la veda.

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