Cumpleaños feliz

Desde hace mucho tiempo no le veo puñetera gracia a esto de cumplir años. Y en todo lo que dependa de mí ni siquiera lo celebro, ni cenas, ni brindis, ni actos especiales. La verdad es que soy poco ceremoniosa con todo lo que los demás hacen festejos y tradiciones.

Sí soy de rituales importantes: despertar al día, prepararme para dar un beso, esperar tu llegada, rememorar un te quiero, envolver sonrisas, despedir en silencio, asear mi actitud, escucharte perdiéndome en tus ojos, contemplar lo que tomas esmero en presentarme, celebrar satisfacciones y compartir canciones. También como palomitas en el cine, bebo a la salud de lo insano, me río cuando está feo y me embobo en tiempos perdidos.

Pero me niego a alegrarme de la pérdida de un año de esta mi vida. Sé que las arrugas, las canas y la paulatina deshidratación han sido disfrutadas a la par que sufridas y lo acepto. Pero no me entra ni pizca de entusiasmo incrementar una cifra que en verdad lo que hace es disminuir la cuenta.

Es un día que me tomo caprichoso para decidir hacer lo que quiera y ese día mando yo. Y luego no sé qué hacer con tanta responsabilidad, me incomoda ese poder y me escabullo. No me gusta ese protagonismo. Me encanta en todo caso ganármelo, pero por derecho propio, no por disposición astral. No le veo la diversión a que sea así por ser mi día, se lo encontraría si se lo arrebatara al destino echándole un pulso.

Con gusto me esfumaría de todas las manifestaciones de cumpleaños que me preparan, me cantan y me agasajan. Me empachan las tartas, me dan grima los adornitos y me impacientan los envoltorios. No soporto que me miren o estén pendientes de mí si no lo hago adrede para captar la atención. Los piropos esperados me repatean y socializar cuando me pongo reflexiva me supone tal esfuerzo sobrehumano que luego terminan recriminándomelo porque se me nota.

Voy a hacer oídos sordos a consejos sabios y bonitas declaraciones de exaltación de la vida, lo advierto. Cada uno tiene derecho a escoger sus momentos de felicidad y un número en un calendario no me lo cambia. A veces siento que es un día invernal del año natural el que anuncia los ilusionantes comienzos, otros que el otoño me arranca ese pétalo que me eleva un poco más al cielo y… y desde que tú me has felicitado, adoro el día de mi cumpleaños.

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